El barril de petróleo Brent alcanzó brevemente los 100 dólares este jueves y cotizaba a 99,76 dólares hacia las 13H05 GMT, un alza de 6,05% frente al cierre previo. Su equivalente estadounidense, el West Texas Intermediate (WTI), avanzaba un 5,02%, hasta los 91,19 dólares.
El detonante inmediato fue la reivindicación de los rebeldes hutíes de Yemen de ataques contra petroleros sauditas en el mar Rojo. Aliados de Irán, los hutíes amenazan ahora con bloquear el estrecho de Bab el Mandeb, en la costa yemení y a las puertas de esa vía marítima. El mar Rojo había adquirido un papel central como ruta alternativa para los hidrocarburos de Arabia Saudita, precisamente porque el estrecho de Ormuz —por donde circulaba una quinta parte del comercio global de hidrocarburos antes del conflicto— ya opera bajo bloqueo iraní.
Dos cuellos de botella simultáneos. Esa es la aritmética que los mercados están descontando. «Con el estrecho de Ormuz y el mar Rojo ahora bajo una presión cada vez mayor, los mercados se preparan ante la posibilidad de que el conflicto pueda interrumpir rutas energéticas clave y mantener los precios del petróleo elevados», señaló Susannah Streeter, estratega jefa de inversiones en Wealth Club.
Las consecuencias se transmitieron con rapidez a los mercados financieros. Las bolsas europeas cerraron con descensos pronunciados: París cayó 1,64%; Fráncfort, 1,56%; Madrid, 1,55%; Milán, 2,80%; y Londres, 0,73%. En Wall Street, el S&P 500 y el Dow Jones Industrial Average retrocedieron un 1% en la apertura, mientras el Nasdaq Composite bajó 1,8%.
El canal de transmisión más temido es la inflación. Los analistas advierten que un encarecimiento del petróleo puede alimentar presiones de precios y forzar a los bancos centrales a subir tasas. La presidenta del Banco Central Europeo (BCE), Christine Lagarde, fue explícita: «El choque energético puede intensificarse y sus efectos en los precios y los salarios pueden ser más fuertes de lo previsto». Los gobernadores del BCE, reunidos este jueves, optaron por mantener la tasa de interés clave en 2,25%, aunque Lagarde reconoció que algunos participantes sopesaron si era necesario aumentarla.
El dato importa más que el ruido. Lo que está en juego no es solo el precio de un barril, sino la arquitectura logística del comercio global de energía. Cuando dos estrechos estratégicos quedan simultáneamente bajo amenaza, el mercado no especula: calcula la prima de riesgo real sobre cada cargamento que debe redirigirse o simplemente no llega. Esa prima la pagan, en última instancia, los consumidores y las empresas en forma de facturas más altas y márgenes más comprimidos.
Conviene mirar los incentivos. Irán y sus aliados hutíes tienen razones para mantener la presión: cada dólar adicional en el precio del crudo refuerza sus ingresos o los de sus patrocinadores, mientras que el costo recae sobre economías importadoras. El verdadero riesgo no es un pico de una jornada, sino la consolidación de un nuevo piso de precios que obligue a los bancos centrales —ya en guardia— a prolongar el ciclo restrictivo. Para las economías emergentes de América Latina que importan energía, ese escenario combina lo peor de dos mundos: petróleo caro y crédito más costoso.

