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Bonos de Nueva York bajo presión: el mercado descuenta el riesgo Mamdani

Los rendimientos de la deuda municipal de Nueva York han subido y los precios han caído desde que el alcalde socialista asumió el cargo. El contralor culpa a Washington; Wall Street apunta más cerca.
Imagen generada con IA
Estados Unidosdomingo 26 de julio de 2026

Los bonos municipales de Nueva York a diez años cerraron la semana del 17 de julio con un rendimiento de 3,46%, frente al 3,34% de la semana anterior, según datos citados por el columnista financiero Charlie Gasparino en el New York Post. El movimiento no es aislado: una revisión del gráfico de precios desde que Zohran Mamdani asumió la alcaldía muestra una caída pronunciada, con una breve estabilización tras la aprobación del presupuesto y una reanudación del descenso en las semanas recientes.

El contralor de la ciudad, Mark Levine, atribuye el movimiento a factores externos. Su portavoz, Shaquana DeVissiere, señaló que «el reciente movimiento en los rendimientos no indica una erosión de la base tributaria, que se encuentra en niveles récord, ni la expectativa de una rebaja de calificación», y agregó que el índice de referencia municipal a diez años subió «una cantidad comparable», lo que sugeriría condiciones de mercado amplias. Levine tiene razón en que el mercado de bonos en general ha sido afectado por el precio del petróleo y los temores inflacionarios vinculados a políticas de Washington.

Sin embargo, los bonos municipales tienen una característica singular que complica esa explicación: son triples exentos de impuestos para los residentes de la ciudad —sin carga federal, estatal ni local—, lo que los convierte en un refugio fiscal especialmente atractivo precisamente cuando un alcalde anuncia alzas impositivas a los contribuyentes de altos ingresos. En condiciones normales, esa ventaja debería estabilizar los precios, no deprimirlos.

El presupuesto aprobado por Mamdani asciende a 125.800 millones de dólares e incluye iniciativas como supermercados operados por el gobierno. Además, el alcalde ha impulsado nuevos gravámenes sobre los llamados «creadores de riqueza», en un momento en que los datos disponibles muestran una salida de contribuyentes de altos ingresos hacia otros estados, particularmente Florida. Las agencias de calificación de Wall Street, según Gasparino, ya emiten advertencias sobre la solidez crediticia de la ciudad, en contraste con la postura oficial del contralor.

A la incertidumbre fiscal se suma un elemento de gobernanza que los mercados también procesan: la confianza en el ejecutivo. Mamdani ha pedido el arresto del primer ministro israelí Benjamin Netanyahu por presuntos crímenes de guerra y convocó protestas ante una eventual visita del mandatario. En ese contexto, los crímenes de odio antisemitas han aumentado en la ciudad, incluyendo apuñalamientos en el Upper West Side registrados poco después de las declaraciones del alcalde, según la misma fuente. Nada de esto es irrelevante para un mercado que, como recuerda Gasparino con el precedente de David Dinkins en 1990, reacciona no solo a los números sino a la percepción de competencia y seriedad del gobierno.

El presupuesto de 125.800 millones de dólares es, en sí mismo, un dato que conviene mirar con detenimiento: representa el nivel de gasto más alto en la historia de la ciudad, financiado en parte por deuda cuyos tenedores son, precisamente, los inversores que hoy exigen mayor compensación por el riesgo.

Conviene mirar los incentivos. Un alcalde que sube impuestos, expande el aparato estatal, aleja a los contribuyentes netos y genera incertidumbre política no produce las condiciones para que el mercado de deuda se comporte con calma. El contralor puede señalar al ruido de Washington, pero el diferencial de rendimiento habla por sí solo: alguien, en algún escritorio de Wall Street, está cobrando más por prestarle dinero a Nueva York. Ese alguien no vota en las elecciones municipales, pero su veredicto tiene consecuencias para todos los neoyorquinos que dependen de servicios financiados con esa deuda.

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