Horacio Beamonte, actor con más de 30 años de trayectoria y participación en más de 40 telenovelas y series, anunció públicamente que optó por la ortotanasia tras ser diagnosticado con leucemia linfoblástica aguda con cromosoma Filadelfia. El diagnóstico se hizo público poco después de su hospitalización en abril de 2025.
Beamonte acudió a la Clínica del Dolor y Cuidados Paliativos del Instituto Nacional de Ciencias Médicas y Nutrición Salvador Zubirán, donde firmó dos documentos: la Carta de Voluntad Anticipada y una Orden de No Reanimación (ONR o DNR). Ambos instrumentos legales le permiten establecer, de antemano, qué procedimientos médicos acepta y cuáles rechaza.
La Carta de Voluntad Anticipada, según explicó el propio actor, «es un derecho legal que permite a cualquier persona mayor de edad decidir de forma libre si acepta o rechaza tratamientos médicos que prolonguen la vida de manera artificial cuando padece una enfermedad terminal». En la Ciudad de México, el trámite puede realizarse ante notario público.
La Orden de No Reanimación, por su parte, instruye a médicos y enfermeras a no aplicar reanimación cardiopulmonar si el corazón o la respiración del paciente se detienen. Beamonte precisó que la orden contempla no realizar compresiones en el pecho, desfibrilación ni intubación. Anunció además que planea hacerse una placa de identificación con esas indicaciones para portarla al cuello.
El actor subrayó la diferencia entre ortotanasia y eutanasia. La primera permite que la enfermedad terminal siga su curso natural, acompañada de cuidados paliativos para controlar el dolor. La segunda implica una intervención activa para provocar deliberadamente la muerte. «No es eutanasia: no busca exterminar la vida de forma activa a manos de un médico, sino permitir que el proceso de la enfermedad siga su curso natural con cuidados paliativos», escribió Beamonte en sus redes sociales.
Al mismo tiempo, el actor vinculó su decisión con su fe cristiana. «Como hijo de Dios, entiendo y acepto que mi vida está en manos de Dios totalmente, y que solo él decide cuándo, dónde y cómo me la pide», afirmó. Señaló que mientras pueda seguirá trabajando, cuidando a su familia y predicando su fe.
Beamonte es conocido por producciones como «Como dice el dicho», «La rosa de Guadalupe», «Imperio de mentiras» y «El amor invencible», entre otras. Fuera de la televisión, se desempeñó como compositor e integrante de bandas de metal, locutor y ministro religioso.
El caso ilumina un principio que conviene no perder de vista: la autonomía del individuo frente al aparato médico. La Carta de Voluntad Anticipada y la Orden de No Reanimación son, en esencia, instrumentos de libertad personal: permiten que el paciente, y no el Estado ni el protocolo institucional, sea quien defina los límites de su propio tratamiento. Que ese derecho exista y sea ejercible ante notario es, en sí mismo, un avance en la dirección correcta.
Lo que el caso Beamonte también revela es la tensión permanente entre el intervencionismo médico —que tiende a prolongar procedimientos más allá de la voluntad del enfermo— y el principio de que cada persona es dueña de su cuerpo y de sus decisiones. La historia sugiere cautela ante cualquier sistema que, bajo el argumento del bien común, diluya esa autonomía. El actor eligió con información, con fe y con claridad. Ese es el estándar que debería garantizar cualquier marco legal que se precie de respetar la dignidad individual.



