El senador Jim Banks, republicano por Indiana, utilizó el pleno del Senado el miércoles para acusar a Neville Roy Singham de dirigir lo que describió como una operación de «guerra política» del Partido Comunista Chino contra Estados Unidos. El discurso convirtió en debate legislativo una investigación publicada por Fox News Digital.
Singham, ciudadano estadounidense de 72 años residente en Shanghái, vendió su empresa tecnológica por 785 millones de dólares en 2017. Desde entonces, según la misma investigación, ha canalizado 278 millones de dólares hacia una amplia red de organizaciones sin fines de lucro. Esas organizaciones, de acuerdo con Banks, organizan y participan regularmente en protestas anti-ICE, anti-Israel y pro-Irán.
«Desde su oficina en Shanghái, que comparte con un medio de propaganda del PCCh cuya misión declarada es 'contar bien la historia de China', Singham comenzó a financiar una compleja red de ONG y organizaciones sin fines de lucro que promueven los intereses del Partido Comunista Chino», afirmó Banks en el pleno.
El senador centró parte de su intervención en Code Pink, organización cofundada por Jodie Evans, esposa de Singham. Según Banks, el grupo solía condenar en ocasiones los abusos de derechos humanos del PCCh, pero dejó de hacerlo tras recibir financiamiento de Singham. Code Pink declara públicamente que «China no es nuestro enemigo». Evans y Singham no respondieron a las solicitudes de comentario de Fox News Digital.
Fox News Digital obtuvo imágenes del senador Rick Scott, republicano por Florida, siendo confrontado por activistas de Code Pink el mismo miércoles, en el contexto del conflicto con Irán. Scott respondió cuestionando si el grupo había mostrado igual preocupación por el ataque de Hamás del 7 de octubre de 2023 contra Israel.
Banks también vinculó su denuncia con el llamado del secretario de Estado Marco Rubio, quien se dirigió a más de 60 países en una cumbre celebrada en Washington para alertar sobre redes que coordinan actividades en múltiples países, proporcionan instrucciones de adiestramiento y utilizan comunicaciones cifradas para fomentar la inestabilidad. Rubio subrayó que la cooperación internacional es indispensable para interrumpir el financiamiento de organizaciones peligrosas.
El dato importa más que el ruido. Lo que Banks puso sobre la mesa no es una acusación ideológica difusa: son cifras concretas —278 millones de dólares en ocho años— y una geografía precisa —una oficina en Shanghái compartida con un aparato de propaganda estatal chino—. Eso es infraestructura, no activismo espontáneo.
Conviene mirar los incentivos. Una red de organizaciones civiles financiada desde el exterior, orientada a erosionar la cohesión institucional y a neutralizar la política exterior estadounidense, representa exactamente el tipo de interferencia que la administración Trump ha colocado en el centro de su agenda de seguridad. La respuesta de Rubio —construir coaliciones de 60 países para cortar el financiamiento— sugiere que Washington ya no trata este fenómeno como ruido marginal, sino como un vector de presión geopolítica que exige respuesta coordinada. El libre flujo de capitales es un principio que Continente defiende; el uso de ese flujo para financiar la desestabilización de instituciones democráticas es otra cosa.



