El protocolo existe por una razón. Cuando la familia real española apareció en Barcelona para los premios de la Fundación Princesa de Girona, la combinación de colores elegida por la reina Letizia, la princesa Leonor y la infanta Sofía generó una reacción inmediata en redes sociales: azul, blanco y un naranja intenso que en fotografías adquiría apariencia rojiza. El resultado visual remitía de forma inevitable a la bandera francesa, pocas horas antes de que la selección española se midiera con el equipo galo en semifinales del Mundial.
Letizia lució un conjunto sastre azul de lino y silueta holgada. Sofía optó por el blanco. Leonor llevó un traje naranja intenso que, bajo determinadas luces y en las imágenes difundidas del acto, adquiría una apariencia rojiza. Al posar juntas, la coincidencia cromática resultó difícil de ignorar para quienes seguían la previa del partido.
Las reacciones no tardaron. «¿En serio? ¿No había otros colores para usar hoy?», cuestionó una usuaria. «Podían haberse vestido las tres con tres sacos harineros; sería más respetuoso con España», añadió otro comentario. Algunos internautas buscaron una explicación histórica: «Hoy es el aniversario de la Revolución Francesa y los Borbones son de procedencia francesa», ironizó una usuaria en referencia al 14 de julio.
Marina Fernández, especialista de la Escuela Internacional de Protocolo, calificó el resultado visual de «chocante» en declaraciones a la revista ¡Hola!, pero descartó que existiera intención de enviar un mensaje favorable al rival de la selección. La experta señaló que incluso en apariciones oficiales, donde los colores se estudian cuidadosamente como herramienta de comunicación institucional, pueden producirse coincidencias difíciles de anticipar.
El detalle técnico también importa: el supuesto rojo de Leonor era, en rigor, naranja. El efecto de las cámaras y la intensidad del tono produjeron la confusión. Más que un mensaje político o deportivo, el episodio quedó, según la misma fuente, como una curiosa anécdota visual.
La familia real española ha mostrado en numerosas ocasiones su apoyo a los deportistas nacionales, con Felipe VI, Letizia, Leonor y Sofía presentes en partidos, ceremonias y competencias internacionales.
Conviene mirar los incentivos. La Casa Real opera como institución de comunicación permanente: cada aparición pública es, en principio, una decisión curada. Que un descuido de esta magnitud —cromáticamente tan legible en víspera de un partido de alto voltaje— pase los filtros del equipo de asesores habla menos de mala fe que de un fallo de coordinación elemental. En instituciones donde la imagen es sustancia, los detalles menores tienen costos reputacionales desproporcionados. El dato importa más que el ruido: el naranja no era rojo, y la intención no estaba. Pero en la era de la captura de pantalla, la percepción viaja más rápido que la aclaración.

