Irán convocó este lunes al encargado de negocios de Austria en Teherán para protestar por la negativa de Viena a permitir la entrada al país de Mohamed Eslami, jefe del Organismo para la Energía Atómica de Irán (OEAI), que tenía previsto participar en una reunión del Organismo Internacional de la Energía Atómica (OIEA) en la capital austriaca.
Según la televisión pública iraní, IRIB, Eslami y el resto de la delegación comenzaron su viaje a Viena el sábado, pero habrían tenido que regresar a Teherán tras lo que las autoridades iraníes describen como presiones de Estados Unidos sobre Austria.
Esmaeil Baqaei, portavoz del Ministerio de Exteriores iraní, dijo que las autoridades austriacas habrían negado el visado a los miembros de la delegación. También sostuvo que Washington «intenta evitar la presencia y la voz de Irán en foros internacionales a través de presiones a varios países».
Baqaei calificó de «absolutamente injustificada» la actuación del Gobierno austriaco, al que atribuyó la obligación de expedir los visados para la delegación iraní por su condición de anfitrión. Añadió que Teherán ya trasladó su protesta al encargado de negocios austriaco en Teherán.
El portavoz iraní también criticó las «numerosas contradicciones» en torno a la situación de Irán y lamentó que «se viertan acusaciones, se aprueben resoluciones y se preparen informes falsos sobre un país, mientras se niega el permiso a sus representantes a estar presentes y defenderse», según la agencia iraní Mehr.
En esa misma línea, afirmó que «la guerra que han iniciado contra Irán no es solo una guerra militar, sino que también continúa en el ámbito diplomático y jurídico, y su objetivo es impedir que la voz de Irán llegue a otros países». Añadió que Irán utilizará «todos los medios a nuestra disposición» para evitar ese objetivo.
La tensión llega días después de que la Junta de Gobernadores del OIEA aprobara llevar por primera vez en dos décadas ante el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas el programa nuclear de Teherán. Irán ha denunciado el «doble rasero» en torno al caso, en medio del conflicto por la ofensiva lanzada por Estados Unidos e Israel contra el país.
Conviene mirar los incentivos. El episodio muestra que la diplomacia nuclear ya no se libra solo en los pasillos de Viena, sino también en la capacidad de cada capital para admitir, o bloquear, la presencia de la otra parte. Cuando el acceso a una mesa internacional se convierte en herramienta de presión, las instituciones pierden credibilidad y la negociación se endurece.
Para la arquitectura de no proliferación, el coste es evidente: más desconfianza, menos margen para el compromiso y más peso de la coerción sobre la diplomacia. El dato importa más que el ruido. Si la política exterior deriva hacia vetos, visados denegados y acusaciones cruzadas, el orden internacional acaba pagando la factura.
