Un ataque masivo con drones contra Moscú y su región dañó la Refinería Petrolera de Moscú y obligó a evacuar a unas 400 personas, según autoridades rusas. El golpe coincidió con el último día de las elecciones legislativas en Rusia, en un contexto de mayor ofensiva ucraniana contra infraestructuras energéticas y logísticas dentro del territorio ruso.
El alcalde de Moscú, Serguéi Sobianine, afirmó que la defensa antiaérea rusa derribó al menos 186 drones desde la medianoche del sábado. Más tarde, añadió que se habían derribado 35 drones más y que los equipos de emergencia trabajaban en las zonas donde cayeron los fragmentos.
Sobianine confirmó daños en un sector del complejo industrial de la refinería. Dijo que «una instalación en el territorio de la Refinería Petrolera de Moscú resultó dañada» y agregó que no hubo muertos ni heridos graves en ese punto.
El gobernador de la región de Moscú, Andréi Vorobiov, elevó a 249 el número de aparatos neutralizados en el área bajo su jurisdicción. También escribió que «el ataque continúa» y señaló daños en zonas residenciales. Según las autoridades rusas, una mujer de 44 años y un hombre mayor murieron en dos lugares distintos de la región.
Vorobiov dijo además que un incendio tras la caída de un dron sobre un edificio obligó a desalojar a cerca de 400 personas. Las autoridades atribuyeron la nueva oleada a drones procedentes de Ucrania.
El ataque se produjo mientras avanzaba la última jornada de elecciones en Rusia. En esos comicios, el partido oficialista del presidente ruso Vladimir Putin busca retener su mayoría constitucional. La oposición concentró sus denuncias en el voto electrónico.
Representantes opositores afirmaron que integrantes de las comisiones electorales promovían el sufragio telemático en distintas regiones. También denunciaron que cinco centros de votación de Moscú no disponían de papeletas para depositar en las urnas.
La presidenta de la Comisión Electoral Central, Ela Pamfílova, rechazó las acusaciones. Dijo: «Nuestra misión es celebrar las elecciones de la manera más limpia posible. ¡Lo más posible!», y pidió a los medios que no actúen «en favor de los enemigos que quieren desacreditar nuestras elecciones».
La Unión Europea y Ucrania anticiparon que no reconocerán los resultados de estos comicios. Por su parte, Putin llamó a la población a participar para contribuir a la victoria de Rusia en Ucrania.
El partido opositor Yábloko denunció que algunos ciudadanos no pudieron votar con papeleta porque el sistema registraba un sufragio electrónico realizado en su nombre. La formación afirmó que los afectados no recibieron explicaciones.
La Comisión Electoral Central informó una participación de 80% entre quienes se registraron para el voto electrónico, equivalente a 3,2 millones de personas. A esa cifra se sumaron 4,6 millones de votantes anticipados.
Conviene mirar los incentivos. Un ataque contra una refinería en la capital rusa no solo golpea activos energéticos; también exhibe el precio de una guerra que sigue escalando sobre infraestructura civil y productiva. Para el contribuyente ruso, y para cualquier economía expuesta a la coerción bélica, la factura rara vez se limita al frente.
La secuencia también deja otra lección incómoda: cuando el aparato estatal concentra poder, seguridad y voto en una misma narrativa, la confianza pública se vuelve frágil. El dato importa más que el ruido. Y el dato, aquí, es que la guerra sigue penetrando el corazón logístico de Rusia mientras su proceso electoral queda bajo sospecha.

