Un hombre de 31 años atacó con dos cuchillos de cocina a tres mujeres en el distrito XVII de París el lunes 27 de julio, hacia las 11:30 de la mañana, en las inmediaciones de la Puerta de Clichy. Las víctimas tienen 19, 24 y 36 años. Según el ministro del Interior francés, Laurent Nuñez, ninguna corre riesgo de muerte, aunque dos permanecen en estado de «urgencia absoluta» por la gravedad de sus heridas. Medios franceses informaron que una de las víctimas estaría embarazada.
El agresor portaba dos cuchillos de cocina. Una de las mujeres recibió una puñalada en la espalda; otra fue herida en el abdomen. El sospechoso fue reducido por un policía fuera de servicio que advirtió la agresión cerca de una estación de tranvía y solicitó refuerzos. Testigos relataron a la prensa local que ciudadanos también intervinieron: según una camarera, un transeúnte golpeó al atacante con una maleta y un empleado de restaurante usó una silla para impedirle escapar hasta la llegada de la Policía.
Tras el incidente, las autoridades establecieron un perímetro de seguridad y suspendieron temporalmente el servicio de metro en la estación Puerta de Clichy, donde también se ubica el Tribunal Judicial de París. La Policía Judicial abrió una investigación por tentativa de homicidio agravado.
El elemento que complica el cuadro es un video grabado por testigos: mientras permanecía reducido en el suelo, el sospechoso se escucha decir en voz baja que actuó porque «Alá se lo ordenó». La Fiscalía Nacional Antiterrorista informó que sigue la evolución del caso, aunque por ahora no ha asumido la investigación y espera los resultados de las diligencias para determinar si existe un componente extremista.
Nuñez pidió evitar conclusiones apresuradas. El detenido no portaba documentos de identidad y proporcionó una identidad cuya autenticidad aún está siendo verificada; sus primeras declaraciones fueron descritas por el ministro como incoherentes. Fuentes policiales citadas por medios franceses indicaron que el hombre presenta un perfil compatible con trastornos psiquiátricos.
Conviene mirar los incentivos que tiene cualquier sistema judicial para mantener abiertas ambas hipótesis —salud mental y terrorismo— el mayor tiempo posible. La tensión entre ambas lecturas no es nueva en Francia: episodios anteriores con declaraciones religiosas del agresor han transitado por la misma ambigüedad procesal durante semanas antes de que la Fiscalía Antiterrorista asumiera o descartara competencia.
El dato importa más que el ruido. Lo que la jornada del lunes dejó verificado es que un policía fuera de servicio y varios ciudadanos anónimos actuaron con rapidez suficiente para evitar un desenlace fatal. Esa capacidad de respuesta civil e institucional es, en sí misma, un activo que las sociedades abiertas no deberían dar por garantizado. El resto —móvil, identidad, historial psiquiátrico— lo determinará la investigación.


