Atlanta fue testigo de una de las remontadas más improbables del torneo. Argentina llegó al minuto 79 perdiendo 0-2 ante Egipto en los octavos de final del Mundial 2026, con la eliminación prácticamente sellada. Lo que vino después difícilmente se borre de la memoria del fútbol sudamericano.
El primer gol llegó de cabeza: Lionel Messi mandó el centro al área y Cristian «Cuti» Romero conectó para abrir la cuenta argentina en el minuto 79. Cuatro minutos después, Messi aprovechó una dejada de Lisandro Martínez dentro del área, pateó con fuerza y puso el empate ante una hinchada argentina que, una vez más, fue mayoría en las tribunas de Atlanta.
El desenlace llegó ya en el descuento. Mohamed Salah perdió la pelota en el área propia, Julián Álvarez lanzó la contra y Lautaro Martínez puso el centro para que Enzo Fernández cabeceara a la red. El 3-2 final desató el llanto colectivo en el vestuario, en el banco y en el campo.
«Ya pasaron cuatro años de Catar y lo que vinimos a hacer es a representar a nuestro país en un Mundial y ganarlo nuevamente», declaró Fernández, autor del gol decisivo. «Tenemos un grupo fenomenal que nunca se da por vencido más allá de las adversidades», añadió.
Lionel Scaloni, el entrenador, no pudo terminar la entrevista pospartido. «No puedo levantar la mirada, lo siento. Estoy muy emocionado. Qué grupo de jugadores, hermano. Ya está, me tengo que ir», dijo a DSports antes de retirarse visiblemente conmovido. Roberto Ayala, su asistente, también habló empapado en lágrimas: los jugadores «no se cansan, van por más y son capaces de hacer estas cosas», señaló tras la remontada desde el 0-2 al 79.
Lautaro Martínez, delantero del Inter de Milán, fue lacónico y preciso: es «muy difícil lo que hemos hecho esta noche» y un partido que «va a quedar para el recuerdo».
Argentina es, al cierre de esta edición, la única selección sudamericana clasificada a los cuartos de final. Colombia aspira a sumarse en su propia llave.
Conviene mirar los incentivos. Una selección que llega al Mundial como vigente campeona carga con el peso de la expectativa y, en este torneo, con la presión adicional de un Messi en lo que probablemente sea su última Copa del Mundo. Que ese equipo haya encontrado dos veces el camino de regreso desde posiciones casi imposibles —esta noche y, según la fuente, también en la ronda anterior— dice algo sobre la arquitectura del grupo y sobre el liderazgo que Scaloni ha construido desde 2018.
El dato importa más que el ruido: no es solo el resultado, es el momento en que llegó. Tres goles en once minutos, con el reloj en contra y la hinchada rival celebrando, son la clase de argumento que los mercados de apuestas no saben descontar y que las narrativas de declive tampoco anticiparon. Argentina sigue en pie.



