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Oriente Medio y África

Arabia Saudita y Estados Unidos golpean milicias proiraníes en Irak en ofensiva coordinada con Bagdad

Los bombardeos conjuntos dejaron al menos 20 combatientes de las Fuerzas de Movilización Popular muertos y 32 heridos; Trump afirma que la operación contó con aval del gobierno iraquí.
Imagen ilustrativa
Oriente Medio y Áfricamiércoles 29 de julio de 2026

La escalada en Oriente Medio dio un salto cualitativo este miércoles cuando Arabia Saudita se sumó, por primera vez, a una operación militar conjunta con Estados Unidos en territorio iraquí contra milicias respaldadas por Teherán. Los bombardeos tuvieron como blanco posiciones del grupo Fuerzas de Movilización Popular (FMP) en varias provincias de Irak.

El saldo preliminar, según un comunicado del propio grupo, es de al menos 20 combatientes muertos y 32 heridos. Los objetivos incluyeron cuarteles generales de la FMP, una amalgama de grupos armados iraquíes alineados con Irán.

El presidente Donald Trump afirmó que los ataques fueron coordinados con las autoridades de Bagdad. «Dice que esos ataques fueron coordinados con el gobierno iraquí», señaló una corresponsal de Fox News después de hablar con el mandatario. La declaración es políticamente relevante: sitúa a Irak como parte activa —o al menos cómplice— del golpe contra milicias que operan dentro de sus propias fronteras.

El Comando Central de Estados Unidos (Centcom) explicó la operación como respuesta directa al lanzamiento de más de 30 drones dirigidos por la Guardia Revolucionaria iraní contra fuerzas estadounidenses e infraestructuras energéticas saudíes en las últimas 72 horas. La secuencia es clara: provocación iraní, respuesta conjunta Washington-Riad.

Lo que rompe el patrón establecido es la participación saudita. Riad había mantenido hasta ahora una política de contención en el conflicto entre Irán y Estados Unidos, evitando comprometerse militarmente en escenarios fuera de su territorio inmediato. Esa postura cambió esta semana. La decisión de unirse a los bombardeos en Irak señala un realineamiento estratégico de consecuencias aún por calibrar: Arabia Saudita abandona la ambigüedad y elige bando de forma explícita.

El contexto inmediato incluye además la firma reciente de un acuerdo nuclear civil entre Washington y Riad, lo que sugiere que la cooperación entre ambos gobiernos atraviesa un momento de densidad inusual, tanto en lo diplomático como en lo militar.

Conviene mirar los incentivos. Para Washington, la operación cumple varios objetivos simultáneos: degrada la capacidad operativa de las milicias proiraníes, protege infraestructura energética aliada y envía una señal a Teherán sobre el costo de sus operaciones con drones. Para Riad, participar activamente —en lugar de absorber los golpes hutíes y callar— implica reclamar un papel de potencia regional con capacidad de proyección, no solo de disuasión defensiva.

El dato importa más que el ruido. Irán lleva semanas presionando en múltiples frentes —Yemen, Irak, el estrecho— y la respuesta coordinada de sus adversarios sugiere que la paciencia estratégica de Washington y sus aliados tiene límites operativos concretos. La pregunta que queda abierta es si Teherán leerá esta señal como disuasión suficiente o como justificación para intensificar sus operaciones encubiertas.

Para el orden internacional que este medio defiende —el que descansa en alianzas verificables, disuasión creíble y protección de infraestructura civil—, la operación de este miércoles representa exactamente el tipo de respuesta proporcional y coordinada que distingue a una coalición funcional de una declaración vacía. La historia sugiere cautela: las milicias proiraníes han absorbido golpes antes y reorganizado. El resultado dependerá de la sostenibilidad política de esta nueva geometría entre Riad y Washington.

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