Las exportaciones de petróleo de Arabia Saudí crecieron un 19,5 % en mayo de 2026 respecto al mismo mes del año anterior, según datos publicados este domingo por la agencia de Estadísticas oficial saudí. El resultado llama la atención porque el estrecho de Ormuz —por donde transitaba una quinta parte de las exportaciones mundiales de energía antes del conflicto— permanece bloqueado desde que estalló la guerra entre Estados Unidos, Israel e Irán a finales de febrero.
El incremento elevó el peso del petróleo en las exportaciones totales del reino: del 65,7 % registrado en mayo de 2025 al 75,6 % en mayo de 2026. En sentido contrario, las exportaciones no petroleras cayeron un 26,1 % y las importaciones en general retrocedieron también un 19,5 % frente al mismo período del año pasado.
La agencia oficial no detalla el mecanismo detrás del alza, pero la clave está en la infraestructura. Arabia Saudí desvió gran parte de su producción a través del oleoducto Petroline, que conecta la región oriental del país con el puerto de Yanbu, en el mar Rojo. Esa ruta alternativa permitió embarcar millones de barriles diarios hacia los mercados mundiales sin necesidad de cruzar el estrecho en disputa.
En cuanto a destinos, China se mantuvo como el principal comprador de exportaciones saudíes, absorbiendo el 12,3 % del total. Le siguieron Corea del Sur con el 9,6 % y Emiratos Árabes Unidos con el 7,5 %. Del lado de las importaciones que recibe el reino, China también encabezó la lista con el 22 % del total, seguida de Estados Unidos con el 10,7 % y Egipto con el 8,4 %.
La nota oficial no ofrece cifras de volumen en barriles ni precio promedio de venta, lo que impide calcular el impacto en ingresos fiscales del Estado saudí.
Conviene mirar los incentivos. Arabia Saudí demostró que una infraestructura estratégica —construida precisamente para escenarios de crisis— puede convertir una amenaza geopolítica en una ventaja competitiva. Mientras otros productores del Golfo enfrentan cuellos de botella logísticos severos, Riad llega a sus clientes con relativa normalidad. El dato importa más que el ruido: el reino no solo sobrevive al bloqueo de Ormuz, sino que incrementa su cuota en las exportaciones totales.
La historia sugiere cautela, sin embargo. La caída del 26,1 % en exportaciones no petroleras revela que la economía saudí sigue expuesta a la concentración energética, justo cuando el programa de diversificación Vision 2030 prometía reducirla. Una guerra prolongada que beneficia al sector hidrocarburo en el corto plazo puede, paradójicamente, debilitar los incentivos para transformar la estructura productiva del país. El equilibrio entre capturar la renta del conflicto y sostener la reforma estructural es la tensión que Riad deberá gestionar en los próximos meses.

