El Partido Laborista confirmará este viernes a Andy Burnham como su nuevo líder en una conferencia extraordinaria. El lunes siguiente asumirá como primer ministro del Reino Unido en reemplazo de Keir Starmer, apenas cuatro semanas después de que Burnham regresó a la Cámara de los Comunes tras nueve años de ausencia.
A sus 56 años, Burnham se convierte en el séptimo primer ministro británico en una década, cifra que ilustra la inestabilidad en el liderazgo político del país pese a que el Partido Laborista conserva una cómoda mayoría parlamentaria. La formación llegó al poder en julio de 2024, cuando Starmer obtuvo una amplia victoria sobre el Partido Conservador tras 14 años en la oposición.
Burnham no enfrentó rivales en la contienda por la conducción laborista. De los 403 diputados del partido, 379 apoyaron su candidatura; ningún legislador alcanzó las 81 nominaciones necesarias para presentar una alternativa. Es su tercer intento por liderar el partido, luego de las derrotas de 2010 frente a Ed Miliband y de 2015 ante Jeremy Corbyn.
Conocido como el «Rey del Norte» por sus tres victorias consecutivas como alcalde del Gran Manchester, Burnham ocupó una banca parlamentaria entre 2001 y 2017 e integró el gobierno británico como ministro antes de consolidar su perfil desde la alcaldía.
La salida de Starmer siguió un proceso acumulativo. La presión aumentó tras los malos resultados laboristas en las elecciones locales y regionales de mayo. La situación se agravó cuando Burnham ganó una elección legislativa parcial el 18 de junio, lo que le permitió regresar al Parlamento y competir por el liderazgo. Pocos días después, la mayoría de los diputados laboristas retiró su respaldo a Starmer, y el 22 de junio el entonces primer ministro anunció su renuncia.
Entre los factores que pesaron en la gestión de Starmer figuró el nombramiento de Peter Mandelson —según la fuente, antiguo asociado de Jeffrey Epstein— como embajador británico en Washington.
Burnham asumirá tras reunirse con el rey Carlos III y ha prometido respetar el programa electoral con el que el laborismo ganó los comicios de 2024, además de descartar aumentos en los principales impuestos. Su iniciativa más distintiva es ampliar la descentralización del poder hacia las ciudades y crear un «No. 10 North» con sede en Manchester. «Ese es el cambio de rumbo que ofrezco: sacar el poder de Westminster, una economía rediseñada para la gente común y un buen crecimiento en cada código postal», declaró.
El nuevo primer ministro enfrenta una agenda económica exigente: crecimiento moderado, elevados costos del endeudamiento público, el déficit de 4.700 millones de libras en el plan de inversiones en defensa para los próximos cuatro años, el debate sobre la reforma del sistema de bienestar, la llegada de migrantes irregulares por el Canal de la Mancha y la volatilidad de los precios de la energía vinculada —según la fuente— al conflicto entre Estados Unidos e Irán, además de la incertidumbre generada por la política exterior del presidente Donald Trump. El partido apuesta también a que Burnham pueda contener el crecimiento de Reform UK, el partido antiinmigración liderado por Nigel Farage, que encabeza varias encuestas de cara a las elecciones generales previstas para 2029.
Conviene mirar los incentivos. Burnham llega con un mandato interno sólido —379 de 403 diputados— pero sin haber sometido su liderazgo al veredicto de los votantes en unas elecciones generales. Su apuesta por la descentralización y por un Estado que «rediseña la economía» promete más aparato, no menos: el reto real será demostrar que ese activismo gubernamental puede coexistir con la disciplina fiscal que los mercados de deuda exigen a un país con costos de endeudamiento ya elevados. La historia sugiere cautela.

