El Servicio Secreto y las fuerzas militares de Estados Unidos detectaron una amenaza concreta de misil portátil contra el presidente Trump durante su visita a Ankara el pasado 8 de julio, lo que motivó un cambio de aeronave de último minuto que se mantuvo en secreto hasta esta semana.
Según reportó el New York Times y confirmaron CNN y otros medios, un individuo no identificado fue visto con un lanzamisiles de hombro en las inmediaciones de la conferencia anual de jefes de Estado de la OTAN. De forma paralela, la inteligencia estadounidense determinó que operativos iraníes habían obtenido información sobre el piso del hotel donde se hospedaba Trump.
El propio presidente confirmó la operación ante reporteros el martes por la noche. «Sigo al Servicio Secreto y a los militares. Querían que tomara un vuelo diferente, un avión diferente por seguridad. Querían que lo hiciera, así que lo hice. Hice lo que me dijeron», declaró Trump según recoge el New York Post.
La mecánica del operativo fue revelada el lunes por The Washington Post: Trump abordó Air Force One ante las cámaras y luego abandonó la aeronave a bordo de un camión de catering, trasladándose a un avión militar más pequeño. Reporteros y varios asesores senior permanecieron en Air Force One sin conocer el cambio. El secretario del Tesoro Bessent, el secretario de Estado Rubio y el director de comunicaciones de la Casa Blanca, Cheung, viajaron en el avión presidencial, que actuó como señuelo. El secretario de Guerra Hegseth y el subjefe de gabinete Scavino acompañaron a Trump en la aeronave alternativa.
Ese mismo día, Trump había anunciado que el modelo más nuevo de Air Force One —la versión donada por Qatar— había salido de Ankara antes de su partida, supuestamente para que soldados estadounidenses con base en el Reino Unido pudieran visitar la aeronave. Inicialmente se especuló que el cambio obedecía a que el modelo más antiguo contaba con tecnología antimisil más avanzada, hipótesis que la nueva información sobre la amenaza iraní viene a complementar.
El contexto no era menor: durante esa jornada, Trump había hecho múltiples referencias al interés de Teherán en atentar contra él, mientras en Irán aparecían pancartas masivas con consignas que pedían su muerte.
Existe un precedente parcial para este tipo de maniobra. En el año 2000, el entonces presidente Clinton llegó a Pakistán a bordo de un avión diferente al oficial, aunque en ese caso algunos periodistas habían sido informados y el ardid quedó expuesto a su llegada.
La Casa Blanca no respondió a la solicitud de comentario del New York Post sobre la amenaza específica en Ankara.
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Conviene mirar los incentivos. La operación en Ankara revela dos realidades que merecen atención simultánea: la capacidad operativa del aparato de seguridad estadounidense para improvisar protocolos bajo presión real, y la persistencia de Irán como actor dispuesto a escalar hasta el asesinato de un jefe de Estado en territorio de la OTAN. El hecho de que Rubio permaneciera en el avión señuelo mientras Hegseth acompañaba al presidente dice algo sobre la cadena de mando en escenarios de crisis. El dato importa más que el ruido: no se trata de un episodio de protocolo, sino de una amenaza documentada que ocurrió en el corazón de la alianza atlántica.



