El nombramiento de Carlos Espá como ministro de Relaciones Exteriores del gobierno de Keiko Fujimori desató una controversia que Álvaro Vargas Llosa decidió cortar de raíz con datos.
A través de su cuenta de X, el escritor e hijo del fallecido Premio Nobel Mario Vargas Llosa publicó un análisis comparativo de diez países para refutar lo que describió como «desinformadas opiniones» de un «pequeño sector» que cuestiona la designación por no provenir del servicio diplomático de carrera.
El argumento de los números
«De los últimos diez cancilleres de Estados Unidos, Canadá, México y Colombia, ninguno —repito: ninguno— fue diplomático de carrera», escribió Vargas Llosa. Los datos que ofreció para el resto de la región son igualmente contundentes: en Chile, solo dos de cada diez cancilleres provienen del cuerpo diplomático profesional; en Argentina, uno de diez; en Ecuador, cuatro de diez; y en España, tres de diez. La única excepción histórica que identificó es Brasil, aunque aclaró que incluso allí el asesor de política exterior del presidente suele actuar como canciller informal sin ser diplomático de carrera.
Con esa base, Vargas Llosa trazó una distinción institucional de fondo: el servicio diplomático no tiene como misión producir cancilleres, sino formar profesionales que ejecuten la política exterior bajo el liderazgo del ministro y del presidente. «Excepcionalmente, un diplomático puede asumir la responsabilidad ministerial, por supuesto, pero no es, no debe ser, la norma», precisó. La función del canciller, a su juicio, es orientar, liderar, diseñar y ejecutar una estrategia en sintonía con el jefe de Estado, mientras el cuerpo diplomático lo secunda «leal, disciplinada y muy profesionalmente».
El perfil de Espá
Alfonso Carlos Espá y Garcés-Alvear nació el 1 de septiembre de 1960 en Lima. Obtuvo el grado de bachiller en Derecho y el título de abogado en la Pontificia Universidad Católica del Perú en 1987, y completó su formación con un máster en Ciencia Política en The American University de Estados Unidos en 1990.
Su trayectoria más extensa transcurrió en comunicaciones y gestión cultural internacional: durante 15 años, entre 2008 y 2023, se desempeñó como director de comunicaciones en el área de prensa y cultura de la Embajada de los Estados Unidos en el Perú. Antes de ese cargo, fue conductor de espacios periodísticos en televisión nacional. Su ingreso a la política activa se formalizó en 2023, cuando se afilió al partido SíCreo, del que es fundador y apoderado. La agrupación lo postuló como candidato presidencial en las Elecciones Generales 2026. Según los registros del Jurado Nacional de Elecciones, Espá declaró ingresos anuales por S/ 105,103 en 2024, la propiedad de cinco inmuebles en Miraflores con un valor superior a S/ 639,000, y no registra sentencias condenatorias ni antecedentes judiciales de ningún tipo.
Vargas Llosa concluyó que el nombramiento «merece la confianza de la ciudadanía» y calificó la designación de «perfectamente acorde con prácticas internacionales establecidas».
La lectura de fondo
Conviene mirar los incentivos detrás del debate. La exigencia de un canciller de carrera suele ser, en la práctica, un argumento corporativo que confunde la ejecución técnica con la conducción política: son funciones distintas que requieren perfiles distintos. Un ministro que ha pasado quince años coordinando la diplomacia pública de la principal potencia hemisférica con el Estado peruano no llega al cargo sin capital institucional relevante.
El dato importa más que el ruido. La presidenta Fujimori enfrenta el escrutinio propio de cualquier gobierno en sus primeras horas; que ese escrutinio se concentre en un criterio que ninguno de los grandes sistemas democráticos del hemisferio aplica dice más sobre la debilidad del argumento crítico que sobre la solidez del nombramiento.



