El secretario del Tesoro de Estados Unidos, Scott Bessent, confirmó el envío de altos funcionarios a diversos países para endurecer el aislamiento económico sobre Irán y celebró las nuevas sanciones dirigidas contra la banca y las aerolíneas de Teherán.
Bessent dijo que, bajo su dirección, se enviaron equipos a todo el mundo para dialogar con países y exigir acciones contra el régimen iraní. Añadió que esos esfuerzos «están dando resultados».
En el marco de la «guerra económica» que la Casa Blanca plantea contra Irán, el Tesoro ha impuesto medidas financieras selectivas contra bancos y proveedores de servicios de aviación, tras el lanzamiento de la campaña económica denominada «Operación Marginado Económico» y anunciada el pasado 20 de agosto.
Según el Tesoro, Turquía y Omán firmaron el cese de la aerolínea iraní Mahan Air a sus países. Asimismo, Emiratos Árabes Unidos suspendió todos los vuelos de aerolíneas con sede en Teherán y, junto a Turquía, dejaron de realizar transacciones con Irán.
Bessent añadió que «incluso los líderes de Irán han reconocido el costo económico de la guerra, ya que el valor del rial ha caído a mínimos históricos». También agradeció a los gobiernos del Reino Unido, Turquía, Omán y los Emiratos Árabes Unidos, y dijo que continuarán trabajando juntos porque queda «mucho por hacer» para impedir que Teherán lleve a cabo su «agenda terrorista».
El pasado lunes, Bessent aseguró que «todas» las aerolíneas iraníes dejarían de funcionar a partir del 23 de septiembre, debido a las sanciones impuestas por la Administración Trump.
La lectura de fondo es clara: Washington está usando su peso financiero para convertir el comercio, la aviación y la banca en palancas de coerción internacional. Conviene mirar los incentivos. Cuando un gobierno logra que otros países se sumen al cerco, no solo castiga a un adversario; también demuestra que el acceso a los mercados y al sistema financiero sigue siendo una herramienta de poder geopolítico.
Para Teherán, el costo recae sobre su economía y sobre la capacidad de sostener conexiones comerciales básicas. Para Estados Unidos, el beneficio político está en exhibir coordinación externa y disciplina sobre el frente de sanciones. El dato importa más que el ruido: si las restricciones se amplían, el margen de maniobra del régimen se estrecha, pero también se profundiza una estrategia de presión que descansa en la fuerza del aparato estatal y no en la apertura económica.

