La administración de Donald Trump detalló este jueves la hoja de ruta para el «desarme total» de Hamás en Gaza, un proceso que contempla la eliminación progresiva de las capacidades militares del grupo, el desmantelamiento de túneles y arsenales, y un sistema de supervisión internacional durante cada fase.
El anuncio se produjo horas después de que Trump afirmara que la Junta de Paz había alcanzado un acuerdo para el «desarme total» de Hamás y otros grupos armados en Gaza, un paso que calificó de «histórico» hacia la creación de un nuevo sistema de gobierno en el enclave palestino. El mandatario indicó que el proceso se desarrollaría en «fases cuidadosamente estructuradas», aunque sin ofrecer inicialmente detalles sobre los mecanismos concretos.
El documento divulgado posteriormente establece que la primera condición para avanzar será un cese completo de las operaciones militares y el cumplimiento de las obligaciones previstas en el acuerdo de alto el fuego. A partir de ese punto, comenzaría el desmantelamiento y almacenamiento de armamento pesado, túneles y centros de producción militar, bajo la supervisión de la Comisión Nacional para la Administración de Gaza y un Comité Internacional de Verificación.
El plan consagra el principio de «una autoridad, una ley y un arma» para Gaza. La Comisión Nacional sería la única entidad con competencia sobre la regulación de armas, la emisión de licencias y la aplicación de la ley. El documento especifica además que los miembros de las milicias no serán incorporados a los servicios de seguridad, aunque aquellos integrantes de organismos oficiales que cumplan los requisitos podrían integrarse en nuevas estructuras institucionales.
La hoja de ruta prevé también el despliegue de una fuerza internacional de estabilización encargada de supervisar el alto el fuego, garantizar la entrega de ayuda humanitaria y apoyar a la administración transitoria de Gaza. El texto plantea asimismo una retirada gradual de las fuerzas israelíes y un proceso de reconstrucción del enclave bajo supervisión internacional.
Conviene mirar los incentivos. El principio de «una autoridad, una ley y un arma» es, en esencia, la condición mínima de cualquier Estado funcional: el monopolio legítimo de la fuerza. Que ese principio figure por escrito en un documento respaldado por Washington representa un cambio de marco respecto a los años de ambigüedad que permitieron a Hamás operar como gobierno de facto y fuerza armada simultáneamente.
El dato importa más que el ruido. La arquitectura del plan —comité de verificación, fuerza de estabilización, calendario de desmantelamiento— traslada la carga de la prueba a Hamás y a los actores regionales que lo han sostenido. El éxito o el fracaso de esta hoja de ruta no dependerá de la retórica, sino de si los mecanismos de verificación tienen dientes reales y de si las potencias con influencia sobre el enclave están dispuestas a ejercer presión sostenida. La historia sugiere cautela.

