La secretaria de Estado de Comercio del Gobierno de España, Amparo López Senovilla, llegó el martes a Asunción en el marco de una gira por los países del Mercosur destinada a «poner en valor» el acuerdo de libre comercio que el bloque suramericano firmó con la Unión Europea en enero pasado. El mensaje fue directo: las cifras actuales del comercio bilateral entre España y Paraguay «tienen que mejorar», porque ambos países poseen «más potencial para aumentar» ese intercambio.
López Senovilla sostuvo un encuentro con empresarios españoles y el embajador de España en Asunción, Javier Parrondo, antes de declarar a EFE que el acuerdo UE-Mercosur ofrece a los inversores españoles «certidumbre y seguridad jurídica» para iniciar o ampliar posiciones en Paraguay. En la actualidad, España ocupa el quinto lugar entre los inversores extranjeros en el país, con unos 190 millones de euros combinados.
La funcionaria destacó tres vectores de atracción: la posición geográfica de Paraguay en el centro del bloque, su industria manufacturera y su sector agroindustrial y energético. La gira ya incluyó paradas en Uruguay y Argentina; el miércoles, López Senovilla participará en Asunción en el diálogo estratégico «Mercosur y la Construcción de Alianzas en el Nuevo Orden Geopolítico», organizado en las instalaciones del Banco Central de Paraguay.
El acuerdo entre la UE y el Mercosur —mecanismo integrado por Brasil, Argentina, Uruguay y Paraguay, con Bolivia en proceso de adhesión— abre un mercado de más de 700 millones de consumidores. Para los exportadores e inversores de ambas orillas, esa escala convierte al pacto en uno de los marcos comerciales más amplios negociados en las últimas décadas.
Conviene mirar los incentivos. Un acuerdo de libre comercio no genera flujos por sí solo: los genera cuando el marco jurídico interno de cada parte resulta predecible y los costos regulatorios no erosionan la ventaja arancelaria. Paraguay ha sostenido en los últimos años una política fiscal relativamente ordenada y un régimen de maquila que ha atraído manufactura regional; esa base es el activo que ahora puede capitalizarse con el paraguas del acuerdo UE-Mercosur.
El dato importa más que el ruido. Que España sea apenas el quinto inversor extranjero en un país de la dimensión de Paraguay, con 190 millones de euros, subraya cuánto espacio existe para crecer. La «certidumbre jurídica» que López Senovilla menciona no es retórica diplomática: es precisamente el factor que diferencia a los destinos que acumulan capital de los que lo ahuyentan con cambios de reglas intempestivos. Para Asunción, la visita es una señal de que el acuerdo tiene defensores activos en Bruselas y Madrid dispuestos a traducirlo en negocios concretos. Aprovechar ese impulso depende, en última instancia, de las decisiones de política interna que Paraguay tome en los próximos meses.



