Más de dos décadas después de haber sido elegido para un mandato que debía durar cuatro años, Mahmoud Abbas volvió a aplazar las elecciones palestinas y amplió una espera de casi 20 años para que los votantes elijan un nuevo legislativo.
Abbas emitió el viernes un decreto que pospone las elecciones del Consejo Legislativo Palestino del próximo mes al 11 de septiembre de 2027, según la agencia oficial palestina WAFA. Las elecciones presidenciales, que no se han celebrado desde la victoria de Abbas en 2005, también quedaron fijadas para esa fecha.
El retraso permite que los dirigentes palestinos permanezcan en el poder sin enfrentar a los votantes y podría dañar aún más la credibilidad de la Autoridad Palestina, que ha enfrentado críticas por corrupción y por su cooperación de seguridad con Israel.
La Autoridad Palestina, dominada por el partido Fatah de Abbas, gobierna partes de Cisjordania bajo los acuerdos alcanzados en la década de 1990. Funcionarios palestinos citaron las condiciones en Cisjordania, la Franja de Gaza y Jerusalén oriental como razones para aplazar la votación.
El Comité Ejecutivo de la Organización para la Liberación de Palestina, que preside Abbas, afirmó que Israel había bloqueado la entrada de materiales electorales y observadores internacionales a Gaza, según The Associated Press. El ministro de Relaciones Exteriores de Israel, Gideon Saar, rechazó esa versión y acusó a Abbas de intentar trasladar la culpa por el retraso.
Abbas intenta arrastrar a Israel a esto, afirmando falsamente que Israel impuso obstáculos para celebrar las elecciones, escribió Saar en X. Para Hamás, en cambio, la postergación fue bienvenida. El grupo la calificó de «un paso en la dirección correcta» y pidió más conversaciones sobre la reconstrucción de las instituciones palestinas antes de ir a las urnas.
La última vez que los palestinos celebraron elecciones legislativas fue en 2006, cuando Hamás obtuvo la mayoría de los escaños. Después, Israel y países occidentales boicotearon al gobierno encabezado por Hamás, lo que alimentó disturbios que terminaron con el control de Gaza por parte del grupo en 2007.
Desde entonces, Hamás ha controlado Gaza, mientras la Autoridad Palestina, dominada por Fatah, ha gobernado partes de Cisjordania. Ese reparto de poder, sostenido más por la inercia que por el voto, ilustra un problema clásico de incentivos: cuando las urnas desaparecen, la rendición de cuentas se debilita y las instituciones pierden legitimidad.
La historia sugiere cautela. Un aparato político que aplaza elecciones durante años puede conservar posiciones, pero paga en autoridad moral y en confianza pública. En términos prácticos, la postergación beneficia a quienes ya ocupan el poder y perjudica a quienes no pueden premiarlos ni castigarlos en las urnas.
Conviene mirar los incentivos. Si la Autoridad Palestina quiere recuperar credibilidad, no bastan las explicaciones sobre obstáculos logísticos o disputas con Israel; necesita una fecha electoral creíble y verificable. Sin eso, el costo recae otra vez sobre los ciudadanos palestinos y sobre la posibilidad de instituciones que respondan a ellos, no a su propia supervivencia.
