La cuenta regresiva ya tiene nombre comercial. A 100 días del inicio de la Copa Mundial de la FIFA en Norteamérica, Rexona —sponsor oficial del torneo— presentó una campaña que busca instalar el clima mundialista en la conversación cotidiana argentina.
La pieza central es un comercial en el que dos argentinos recorren una checklist de rituales, objetos y conductas habituales que emergen cada vez que se aproxima una competencia de esta magnitud. Cábalas, amuletos y prácticas colectivas ocupan el centro de la propuesta, que también cuenta con la participación especial de Jimena Barón.
El spot recupera imágenes que remiten a los festejos de Qatar 2022: la abuela que bailaba en el balcón, las personas que se subían a los semáforos durante las celebraciones callejeras, los abrazos entre desconocidos tras cada triunfo de la selección. La nostalgia funciona como puente hacia la expectativa del próximo torneo.
La consigna que articula la campaña es directa: «¿Estamos listos?». La pregunta no apunta solo a la logística del seguimiento del torneo, sino que propone, según la propia marca, una revisión emocional ligada a la experiencia mundialista.
Rexona anunció que esta pieza es el inicio de una serie de activaciones que incluirán contenidos en televisión, plataformas digitales y redes sociales, con dinámicas orientadas a generar interacción y construir comunidad alrededor del campeonato.
El fenómeno no es nuevo. En Argentina, la proximidad de un Mundial activa hábitos y emociones que atraviesan generaciones, y las marcas con presencia en el torneo compiten por ocupar ese espacio afectivo antes de que ruede la primera pelota.
Conviene mirar los incentivos. Para Rexona, el Mundial es una ventana de posicionamiento de alta intensidad: el patrocinio oficial le da acceso a la iconografía del torneo, y la campaña emocional le permite diferenciarse en un mercado saturado de mensajes deportivos. La apuesta no es solo publicitaria; es una disputa por formar parte del ritual colectivo, ese momento en que la identidad nacional y el consumo se superponen con una naturalidad que pocas categorías de producto logran.
El dato importa más que el ruido. A 100 días del inicio, el verdadero termómetro no es el comercial sino la intensidad con que el público argentino —campeón vigente— proyecta sus expectativas sobre un torneo que se jugará en territorio norteamericano. Esa expectativa es el activo real que las marcas buscan capitalizar, y Rexona acaba de declarar que no piensa llegar tarde.



