Miles de personas cruzaron la frontera del enclave español de Ceuta desde Marruecos el jueves en cuestión de horas, en lo que fuentes policiales citadas por el diario español El Mundo describieron como la mayor crisis migratoria desde 2021. Tras nueve horas de entrada incontrolada, unas 20.000 personas habían atravesado la frontera sin encontrar oposición por parte de las fuerzas de seguridad marroquíes.
El saldo humano fue inmediato: las unidades a cargo del control fronterizo recuperaron del agua los cuerpos sin vida de 16 personas en las últimas 24 horas. En lo que va de año ya son 44 los extranjeros localizados muertos en aguas ceutíes intentando cruzar a nado desde Marruecos; el año pasado la cifra ascendió a 46.
Las imágenes de la playa del Tarajal mostraban multitudes caminando alrededor de los espigones y corriendo por la playa y las carreteras. La mayoría parecían ser hombres jóvenes, aunque también había familias con mujeres y niños, según detalló The Guardian. Numerosas personas seguían entrando de forma incontrolada al caer la noche, pese a que a media tarde el Ministerio de Interior de España había anunciado un acuerdo con Marruecos para la devolución «lo antes posible» de «todos» los migrantes que habían entrado ilegalmente. España cerró además el paso fronterizo de Melilla al final del día.
Marruecos atribuyó la entrada masiva a «organizaciones criminales». Achraf Maimouni, miembro de la Asociación Marroquí de Derechos Humanos, calificó la situación de «excepcional» y señaló que la frontera del Tarajal se abrió «en circunstancias inusuales» el jueves por la mañana. La comparación con 2021 es inevitable: entonces Marruecos envió a más de 8.000 inmigrantes a cruzar las fronteras con España como respuesta al traslado del líder del Frente Polisario, Brahim Ghali, a un hospital español.
El presidente de la Ciudad Autónoma, Juan Vivas, solicitó al gobierno central activar el plan de «emergencia nacional». Todos los miembros de la Junta de Portavoces de la Asamblea de Ceuta, incluido el PSOE, reclamaron el cierre de la frontera, el despliegue del Ejército y la declaración de emergencia nacional. El Ejecutivo de Pedro Sánchez respondió que la normativa estatal de protección civil no contempla los flujos migratorios como un riesgo del Sistema Nacional de Protección Civil ni establece instrumentos específicos para su gestión, por lo que, según fuentes del Ejecutivo citadas por El Mundo, «no es posible la activación de este mecanismo». Sánchez viajará este viernes a Ceuta acompañado del ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska.
Desde Bruselas, el comisario de Interior Magnus Brunner llamó a Grande-Marlaska para ofrecer la asistencia de los recursos de la UE y aseguró haberse comunicado con las autoridades marroquíes para que «eviten estas peligrosas travesías». «La protección de las fronteras exteriores de la Unión es una parte crucial de nuestros esfuerzos por combatir la migración ilegal», escribió en redes sociales.
La respuesta más enérgica llegó de Roma. Según informaron fuentes de la oficina del Primer Ministro, el gobierno de Giorgia Meloni consideró suspender el acuerdo de Schengen con España. «Italia no se quedará de brazos cruzados», declaró Meloni, quien añadió que estaba «preparada para intervenir incluso con medidas extraordinarias para defender las fronteras y la seguridad de los ciudadanos, como la suspensión del espacio Schengen con España». Según La Vanguardia, la propuesta italiana de suspender Schengen provocó un choque diplomático entre Roma y Madrid; el ministro italiano de Asuntos Exteriores, Antonio Tajani, acusó al gobierno de Sánchez de favorecer la inmigración irregular con la regularización extraordinaria de cientos de miles de inmigrantes.
Conviene mirar los incentivos. Una política migratoria que combina fronteras porosas, regularizaciones extraordinarias y un marco legal que impide declarar la emergencia ante desbordamientos masivos genera exactamente los incentivos que alimentan estas rutas. El coste no lo pagan los despachos de Madrid ni Bruselas: lo pagan los 16 muertos recuperados del agua en 24 horas, los residentes de Ceuta desbordados y los contribuyentes europeos que financian una gestión fronteriza que, una vez más, llegó tarde.


