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Asia y China

Xi convierte la IA en arma diplomática: Pekín construye su propio orden tecnológico global

En la Conferencia Mundial de IA de Shanghái, Xi Jinping lanzó una coalición de 29 países y prometió estándares alternativos a los de Washington. El desafío al liderazgo estadounidense ya tiene estructura institucional.
Imagen ilustrativa
Asia y Chinaviernes 17 de julio de 2026

El presidente chino Xi Jinping utilizó la Conferencia Mundial de Inteligencia Artificial (WAIC) en Shanghái para presentar a Pekín como árbitro del nuevo orden tecnológico global. El discurso inaugural, pronunciado este viernes, fue la exposición más explícita hasta la fecha de la ambición china de moldear la gobernanza mundial de la IA.

Xi comparó la importancia de la inteligencia artificial con la invención de la máquina de vapor y la electricidad, e instó a los países a «aprovechar la inusual e histórica oportunidad» que representa la IA de código abierto. Advirtió contra la aparición de «nuevas injusticias históricas» derivadas de un acceso desigual a la tecnología, un argumento dirigido con precisión al Sur Global.

El movimiento más concreto llegó un día antes del discurso: 29 países —entre ellos Pakistán, Rusia y Kazajistán— firmaron un acuerdo con China para crear la Organización Mundial de Cooperación en Inteligencia Artificial (WAICO), con sede en Shanghái. Xi calificó el hecho de «hito en la historia del desarrollo mundial de la IA». La prensa estatal la describe como una organización intergubernamental orientada a la gobernanza global del sector.

Esa coalición se perfila como rival directa de la iniciativa Pax Silica, liderada por Estados Unidos, que busca asegurar las cadenas de suministro de IA y minerales críticos junto a aliados como Japón, Gran Bretaña, Australia, Filipinas, Israel e India. Xi evitó mencionar a Washington por su nombre, pero el contraste fue deliberado.

«El mensaje de Xi es claro: China no va a seguir a nadie ni en tecnología de IA ni en estándares. En cambio, China va a liderar el mundo en ambos aspectos», dijo George Chen, director de Práctica Digital de The Asia Group. «El mensaje de Xi es una declaración, pero también puede verse como una advertencia: China no dejará que nadie le diga qué hacer con la IA».

El contexto técnico acompaña la retórica. Moonshot AI, empresa emergente con sede en Pekín, presentó durante la conferencia Kimi K3, al que describió como el mayor modelo abierto de IA del mundo por número de parámetros. El lanzamiento se produjo un mes después de que el gobierno estadounidense retirara abruptamente los modelos de clase frontera de Anthropic por preocupaciones de seguridad.

Xi también anunció que China ofrecerá capacitación en IA y desarrollará centros de cooperación con países de los BRICS, la ASEAN, América Latina y la Unión Africana. La diplomacia tecnológica de Pekín se alinea así con los mismos bloques donde su influencia económica ya es dominante.

La reunión —programada del 17 al 20 de julio— coincide con los preparativos de Washington y Pekín para sus primeras conversaciones gubernamentales sobre IA bajo la administración Trump. La semana pasada, en un diálogo de la ONU, las dos potencias expusieron visiones contrapuestas: funcionarios estadounidenses argumentaron que una regulación excesiva podría obstaculizar la innovación; China promovió sus modelos de bajo costo y código abierto como herramienta para reducir disparidades globales.

Conviene mirar los incentivos. La estrategia de Pekín es elegante en su diseño: al envolver la expansión tecnológica en el lenguaje de la equidad y el bien público, China ofrece a decenas de gobiernos una narrativa atractiva y, de paso, estándares de gobernanza que reflejan sus propias preferencias regulatorias. La WAICO no es filantropía; es arquitectura de influencia.

El dato importa más que el ruido. Washington mantiene ventajas reales en el segmento de frontera, pero la batalla por los estándares globales se libra también —y quizás sobre todo— en los mercados emergentes donde la IA china llega más barata y sin las condicionalidades democráticas que acompañan a la oferta occidental. Esa asimetría de acceso es el verdadero campo de disputa.

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