Taiwán dijo que vigila de cerca una serie de ejercicios militares que China inició frente a sus propias costas y que se prolongarán durante los próximos días. El ministro taiwanés de Defensa, Wellington Koo, sostuvo que las Fuerzas Armadas de la isla tienen «pleno conocimiento» de la situación.
Según la Administración de Seguridad Marítima de China, desde el jueves pasado se emitieron al menos seis avisos a la navegación por maniobras militares que se desarrollarán de forma intermitente hasta el 20 de octubre en distintos puntos del litoral chino. Los ejercicios van desde la isla meridional de Hainan hasta el mar de Bohai, en el norte del país.
Los movimientos más cercanos a Taiwán tendrán lugar entre el 13 y el 15 de octubre, en franjas de una a dos horas, frente a la provincia oriental de Zhejiang, a unos 280 kilómetros al norte de la isla. Por ahora, Pekín no ha enmarcado ninguna de estas maniobras en una operación militar de mayor escala.
Koo afirmó, según CNA, que la evaluación preliminar del Ministerio de Defensa Nacional de Taiwán es que todas las actividades corresponden a prácticas de tiro de unidades de artillería y otras fuerzas. También dijo que las Fuerzas Armadas seguirán atentas a los movimientos chinos «bajo el principio de sobrestimar al adversario».
El ministro añadió que «el EPL no deja de realizar ejercicios que suponen una amenaza militar y generan inestabilidad en el Indopacífico, y merecen la condena de todos». La Administración Marítima y Portuaria de Taiwán, por su parte, indicó a CNA que la entrada y salida de los puertos comerciales «se desarrolla con normalidad» y que, por el momento, los ejercicios no afectan a los buques que navegan por las aguas que rodean la isla.
Las maniobras llegan pocos días después del Día Nacional de la República de China, celebrado el 10 de octubre. Ese día, el presidente taiwanés, Lai Ching-te, defendió el aumento del gasto militar de Taipéi para evitar un conflicto con Pekín.
Desde China, el portavoz del Ministerio de Defensa, Chen Xi, acusó a Lai de «aferrarse obstinadamente» a su «postura independentista» y de «incitar a la confrontación» entre ambos lados del estrecho, con la intención de «buscar la independencia por la fuerza». Chen sostuvo además que el Ejército Popular de Liberación realiza entrenamientos alrededor de la isla para disuadir a los «independentistas» y los intentos de injerencia externa, y calificó esos movimientos de «perfectamente legítimos e irreprochables».
Conviene mirar los incentivos. Cada ejercicio, cada aviso a la navegación y cada declaración pública agrandan un clima de sospecha que empuja a Taiwán a gastar más en defensa y a China a normalizar la presión militar. El dato importa más que el ruido: la economía regional necesita estabilidad, pero el estrecho sigue gobernado por la lógica de la disuasión.
La historia sugiere cautela. Cuando la seguridad se degrada, el costo lo pagan el comercio, la previsibilidad y la libertad de maniobra de los gobiernos y de las empresas. En ese equilibrio precario, la responsabilidad no la marca la propaganda, sino la capacidad de evitar que la rutina militar se convierta en crisis.


