Las autoridades chinas evacuaron a más de 340.000 personas en la provincia de Cantón ante la llegada del tifón Noul, cuyo toque de tierra se preveía en la costa comprendida entre Shenzhen y Haifeng, según informó el Centro Meteorológico Nacional de China. El gobierno emitió el sábado por la noche una alerta roja por tifón, el nivel más alto de su sistema de cuatro niveles.
Doce ciudades de la provincia, entre ellas Cantón, Dongguan y Shantou, suspendieron total o parcialmente las clases, el trabajo, la producción, las operaciones comerciales y el transporte, según reportó la agencia oficial Xinhua. La totalidad del servicio ferroviario provincial quedó paralizada durante el domingo, de acuerdo con la cadena estatal CCTV.
El ciclón se desplaza con vientos de entre 151 y 173 km/h al momento de tocar tierra. Las autoridades meteorológicas advirtieron que el fenómeno presenta una trayectoria capaz de internarse profundamente en tierra firme, con lluvias de gran magnitud que se extenderían hasta la noche del domingo en Cantón y las provincias vecinas de Hunan, Fujian y Jiangxi.
En Hong Kong, las autoridades decretaron el sábado por la noche el tercer nivel de alerta por tifón y habilitaron 28 refugios temporales. El Observatorio local indicó que consideraría elevar la alerta al segundo nivel a primera hora del domingo, dado que «los vientos locales se intensificarán significativamente durante la noche». La aerolínea Cathay Pacific canceló todos sus vuelos con destino y llegada a Hong Kong entre la 01H15 y las 18H00 del domingo. La autoridad aeroportuaria informó que al menos 49 vuelos fueron cancelados y 238 sufrieron retrasos.
El contexto agrava la magnitud del evento. Este mes, el tifón Maysak ya había provocado inundaciones devastadoras en Guangxi que dejaron 39 muertos, además de tormentas eléctricas y vientos huracanados que causaron 11 muertos y 331 heridos en la provincia central de Hubei.
El dato importa más que el ruido. La movilización logística desplegada en pocas horas —340.000 evacuados, servicios ferroviarios suspendidos en toda una provincia, aeropuertos en alerta— ilustra la escala del aparato estatal chino cuando opera en modo de emergencia. La pregunta relevante no es si el Estado puede mover personas, sino cuánto cuesta en términos económicos cada paralización de esta magnitud en una de las zonas industriales y portuarias más densas del planeta.
Conviene mirar los incentivos. El sur de China concentra cadenas de suministro globales y nodos logísticos cuya interrupción, aunque breve, tiene efectos que se propagan más allá de sus fronteras. Para los mercados y las empresas con operaciones en la región, la frecuencia creciente de fenómenos de esta intensidad —dos tifones significativos en el mismo mes— es una variable que ya no puede tratarse como ruido estacional.



