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Asia y China

Tifón Bavi toca tierra en China con vientos de hasta 145 km/h tras evacuación de casi dos millones de personas

El ciclón llegó a la provincia de Zhejiang después de azotar Taiwán y las islas del sur de Japón. En Filipinas, lluvias e incidentes conexos dejaron al menos 18 muertos.
Imagen ilustrativa
Asia y Chinalunes 13 de julio de 2026

El tifón Bavi tocó tierra en la provincia china de Zhejiang hacia las 23:20 hora local del sábado con vientos de hasta 145 km/h y fuerte oleaje en la costa, según la agencia estatal Xinhua, que citó al observatorio meteorológico de Zhejiang. El ciclón alcanzó en un primer momento la ciudad de Yuhan; según la agencia Semana, unos veinte minutos después llegó también a Yueqing.

Las autoridades habían evacuado a casi dos millones de personas antes de la llegada del tifón. Más de 1,7 millones correspondieron a Zhejiang, más de la mitad en la ciudad de Wenzhou. En Fujian, otra provincia del este, fueron evacuadas más de 130.000 personas. Más al norte, las precipitaciones obligaron a evacuar a más de 100.000 personas en Pekín y a otras 34.000 en zonas costeras de Shanghái.

Las clases, el trabajo, el transporte y las actividades al aire libre quedaron suspendidos en Zhejiang. Más de 400 vuelos y decenas de trenes fueron cancelados en esa provincia. Xinhua señaló que, al momento de sus reportes, no había víctimas ni daños materiales registrados en China continental, y que se esperaba que Bavi perdiera intensidad en su ruta hacia el noroeste.

Antes de golpear el continente, Bavi había azotado el norte de Taiwán. Más de 14.000 personas fueron evacuadas en la isla, cientos de vuelos fueron cancelados y 170.000 hogares quedaron sin luz. La Administración Central de Meteorología de Taiwán (CWA) precisó que el tifón, que amenazaba con ser el de mayor extensión en los últimos 30 años en la isla, había reducido su radio de vientos fuertes a 350 kilómetros al ir perdiendo intensidad.

El tifón había comenzado su trayectoria como supertifón al azotar Guam y las Islas Marianas del Norte, antes de debilitarse a categoría de tifón. En Japón, más de 18.000 hogares e instalaciones quedaron sin energía en la isla de Okinawa y decenas de vuelos fueron cancelados.

En Filipinas, deslizamientos de tierra y otros incidentes provocados por fuertes lluvias mataron al menos a 18 personas, principalmente en la isla de Mindanao, según las fuentes consultadas. Decenas de puertos permanecen cerrados en el archipiélago.

El contexto climático en China ya era severo antes de la llegada de Bavi: tormentas en el sur y el centro del país dejaron al menos 39 muertos esta semana, con el desborde de decenas de ríos y la rotura de una presa, según reportó la revista Semana. Los océanos registraron en junio su temperatura más alta desde que existen registros, de acuerdo con el servicio Copernicus de la Unión Europea, lo que según los expertos favorece la intensificación de los ciclones tropicales y lluvias más copiosas.

Conviene mirar los incentivos que genera una respuesta estatal de esta escala. La evacuación de casi dos millones de personas en horas es una operación logística de primer orden; que Xinhua no reportara víctimas ni daños materiales en China continental al momento del toque de tierra habla de una capacidad de gestión de emergencias que, al margen de cualquier consideración política, tiene consecuencias medibles en vidas. El dato importa más que el ruido: lo que diferencia un desastre natural de una catástrofe humana es, en buena medida, la velocidad y eficacia de la respuesta institucional. La región Asia-Pacífico enfrenta una temporada de tifones que, según los registros de temperatura oceánica, promete ser exigente. La historia sugiere cautela ante la complacencia.

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