El tifón Bavi cruzó el estrecho de Taiwán y dejó al menos 87 heridos en la isla antes de dirigirse hacia la costa de Zhejiang, en el este de China, donde las autoridades elevaron la respuesta de emergencia al nivel uno —el máximo— y ordenaron la evacuación de 1,71 millones de personas.
Según el Centro de Respuesta a Desastres de Taiwán, citado por la Agencia Central de Noticias (CNA), ninguno de los heridos presenta lesiones de gravedad. La mayoría sufrió caídas de motocicleta, golpes con objetos, cortes o contusiones menores durante el paso del fenómeno. Las autoridades taiwanesas contabilizaron además 14.476 evacuados preventivos y 1.456 incidencias, principalmente caídas de árboles y daños en infraestructura básica.
En el noroeste de la isla, el condado de Hsinchu concentra 28 de las 45 alertas rojas activas por riesgo de flujos de lodo. Se suman tres alertas rojas adicionales por riesgo de grandes deslizamientos. Más de 5.400 viajeros permanecen retenidos en islas periféricas bajo control de Taipéi a la espera de que se reanude el transporte, una vez que la Agencia Meteorológica Central prevé levantar las alertas marítima y terrestre durante la mañana del domingo.
En el continente, el Centro Meteorológico Nacional de China ubicó el centro del tifón a unos 290 kilómetros al este de la frontera entre Zhejiang y Fujian. La previsión oficial indicaba que Bavi avanzaría hacia el noroeste a entre 30 y 35 kilómetros por hora y tocaría tierra hacia la medianoche o la madrugada del domingo, entre Sanmen y Cangnan, en Zhejiang, antes de internarse y perder intensidad.
La agencia oficial Xinhua informó que Zhejiang cerró 12.154 escuelas y guarderías, 444 lugares turísticos y 78 recintos culturales. Los aeropuertos del este de China también registraron cancelaciones masivas; según el portal especializado Feichangzhun, la actividad quedó prácticamente paralizada en terminales como Wenzhou y Fuzhou. El Centro Meteorológico Nacional emitió además la primera alerta roja del año por lluvias, con previsión de precipitaciones torrenciales en Zhejiang, Fujian, Taiwán y otras regiones del este y norte del país.
Bavi no llega en aislamiento. La semana previa estuvo marcada por una cadena de desastres naturales en China: las lluvias asociadas al tifón Maysak dejaron al menos 39 muertos en Guangxi; un deslizamiento en Gansu causó 21 fallecidos; y tormentas y tornados en Hubei sumaron once muertos más.
Conviene mirar los incentivos que moldean la respuesta institucional a estos eventos. La evacuación masiva de 1,71 millones de personas en Zhejiang y el cierre preventivo de miles de escuelas y recintos revelan una capacidad logística estatal considerable; también reflejan el costo económico inmediato que cada tifón impone sobre regiones productivas del este chino. El dato importa más que el ruido: en un contexto de desaceleración económica, la acumulación de desastres naturales en una sola semana —con al menos 71 muertos en tres provincias distintas antes de que Bavi tocara tierra— añade presión sobre infraestructura, cadenas de suministro y presupuestos de reconstrucción que el aparato estatal deberá absorber. La historia sugiere cautela respecto a la transparencia de las cifras oficiales en episodios de esta magnitud.



