El tifón Bavi cruzó este sábado por Taiwán y las islas japonesas de Okinawa antes de poner rumbo al litoral chino, donde las autoridades de Zhejiang elevaron la respuesta de emergencia al nivel uno —el máximo— y ordenaron la evacuación de 1,71 millones de personas.
En Taiwán, el Centro de Respuesta a Desastres contabilizó al menos 87 heridos, ninguno de gravedad, según informó la agencia CNA. La mayoría de las lesiones correspondió a caídas de motocicleta, golpes con objetos y cortes durante el paso del tifón. Las autoridades isleñas elevaron además a 14.476 el número de evacuados preventivos y registraron 1.456 incidencias, principalmente caídas de árboles y daños en infraestructuras básicas. En el aeropuerto de Taoyuan se cancelaron 552 vuelos, y más de 5.400 viajeros permanecían retenidos en islas periféricas a la espera de la reanudación del transporte.
En Japón, Bavi cruzó junto a las islas de Okinawa y dejó cinco heridos leves y más de un centenar de vuelos cancelados. Durante la mañana se registraron vientos de hasta 140 kilómetros por hora en algunos puntos de la prefectura, y se esperaba que las islas Sakishima acumulasen hasta 250 milímetros de lluvia entre el sábado y el domingo, según la cadena NHK.
A las 14:00 hora local del sábado, el Centro Meteorológico Nacional de China situó el centro del tifón a unos 290 kilómetros al este de la frontera entre Zhejiang y Fujian. Según la previsión oficial, Bavi avanzará hacia el noroeste a entre 30 y 35 kilómetros por hora y tocará tierra hacia la medianoche o la madrugada del domingo entre Sanmen y Cangnan, con vientos de nivel 12 a 13, antes de internarse en el país y debilitarse.
La agencia oficial Xinhua informó que Zhejiang cerró 12.154 escuelas y guarderías, 444 lugares turísticos y 78 recintos culturales. Las cancelaciones aéreas se extendieron a los aeropuertos de Wenzhou y Fuzhou, con actividad prácticamente paralizada, según el portal especializado Feichangzhun. El Centro Meteorológico Nacional mantuvo la alerta naranja por tifón y emitió la primera alerta roja del año por lluvias, con previsión de precipitaciones torrenciales en Zhejiang, Fujian, Taiwán y otras regiones del este y norte del país.
Bavi llega después de una semana de desastres naturales en China: las lluvias asociadas al tifón Maysak dejaron al menos 39 muertos en Guangxi; un deslizamiento en Gansu causó 21 fallecidos, y tormentas y tornados en Hubei sumaron 11 muertos.
Conviene mirar los incentivos que genera la acumulación de catástrofes en tan poco tiempo. Para Taiwán, el episodio ilustra la capacidad operativa de sus instituciones de gestión de emergencias: evacuaciones preventivas ordenadas, alertas diferenciadas por tipo de riesgo y un saldo de heridos sin víctimas mortales reportadas. El contraste con el continente —donde la escala de evacuación supera los 1,7 millones en una sola provincia— refleja tanto la diferencia de densidad poblacional costera como la magnitud del desafío logístico que enfrenta Pekín cada temporada de tifones. El dato importa más que el ruido: la gestión de desastres naturales es, también, una prueba de estrés institucional que los mercados y los inversores en infraestructura regional no deberían ignorar.



