El Ministerio de Exteriores de Irán acusó a la Unión Europea de "ceder a la coerción estadounidense" después de que los Veintisiete acogieran "con satisfacción" las presiones de Washington contra Teherán, incluida la operación "Marginado Económico" lanzada por Estados Unidos.
El portavoz de la diplomacia iraní, Esmaeil Baqaei, instó a Bruselas a elegir entre "comportarse como un actor independiente o acostumbrarse tanto a imitar las políticas de otros que confunda esa imitación con autonomía". Según Baqaei, "Europa ya no puede hablar de autonomía estratégica mientras se limita a ejecutar las órdenes de Washington".
El funcionario sostuvo que la autonomía estratégica "no se garantiza con declaraciones grandilocuentes", sino "mediante la capacidad de decidir de forma independiente y responsable, incluso si esas decisiones difieren de la posición de una potencia mayor".
Baqaei fue más allá al afirmar que la UE "parece estar cediendo su soberanía, sus leyes y reglamentos, sus valores y su ética a la coerción estadounidense". Citó además el marco legal propio del bloque: "Según su propia legislación, la Unión Europea no reconoce la aplicación extraterritorial de leyes adoptadas por terceros países y considera tales efectos contrarios al Derecho Internacional". Recordó que "el Estatuto de Bloqueo de la UE prohíbe expresamente a los operadores de la UE cumplir con cualquier requisito o prohibición basada en los estatutos extranjeros especificados".
Con ese argumento, el portavoz iraní se preguntó "cómo puede entonces la Unión apoyar ahora las medidas coercitivas unilaterales más depredadoras e ilegales contra Irán", y acusó a Bruselas de haberse "convertido en cómplice de la conducta ilegal de Washington".
Teherán calificó el respaldo comunitario a la ofensiva económica estadounidense como "una grave violación del Derecho Internacional" y advirtió que "cada Estado miembro de la UE será responsable de las consecuencias de su contribución a este acto ilícito".
Baqaei remató su comunicado con una acusación de incoherencia: "La Unión Europea no puede respaldar el terrorismo económico de Washington contra Irán mientras afirma buscar la desescalada y la estabilidad regional". Para el portavoz, "ambas posturas son mutuamente excluyentes", y la posición asumida por Bruselas "evidencia la decadencia moral y la incompetencia política de la UE".
Lectura editorial
El episodio confirma algo que Bruselas prefiere no admitir en voz alta: la llamada "autonomía estratégica" europea sigue siendo, en la práctica, una función de la relación transatlántica. Cuando Washington decide apretar el cerco financiero sobre Teherán, la UE se alinea, así sea a regañadientes, porque el peso del sistema financiero y de sanciones estadounidense sigue marcando el terreno de juego global. Conviene mirar los incentivos: para las capitales europeas, el costo de desafiar a Washington en materia de sanciones a un régimen theocrático con historial de financiamiento a milicias y programas nucleares opacos supera con creces el beneficio retórico de sostener un discurso de independencia que nadie termina de creerse.
La queja iraní, además, llega de un régimen cuya legitimidad para invocar el Derecho Internacional resulta cuando menos discutible dado su propio historial de represión interna y desestabilización regional. El dato importa más que el ruido: lo que Teherán presenta como "coerción" es, en rigor, la reacción de Occidente ante décadas de comportamiento hostil. La historia sugiere cautela frente a cualquier gobierno que reclame soberanía para sí mientras la niega a sus propios ciudadanos.



