Rusia lanzó entre la noche del viernes y la madrugada del sábado un ataque combinado de misiles de largo alcance y drones contra centros logísticos en Kiev e instalaciones portuarias en la región de Odesa, según informó el Ministerio de Defensa ruso.
"Anoche y durante toda la noche del 29 de agosto, las Fuerzas Armadas rusas continuaron lanzando ataques combinados contra centros logísticos e instalaciones portuarias en Ucrania que abastecen a las Fuerzas Armadas ucranianas", señaló el mando castrense ruso en un comunicado difundido en Telegram.
Según la versión oficial rusa, en Kiev y la región aledaña fue alcanzado el centro de transporte y logística FIM Service, ubicado en la localidad de Chaika, cuyos almacenes contenían componentes de misiles de crucero de largo alcance Flamingo. Defensa no precisó el origen de fabricación de ese armamento.
El mando ruso reportó además un ataque contra un centro logístico en Kalínivka, donde operaba una terminal aduanera encargada, según Moscú, de la distribución de suministros militares procedentes de Occidente. En la localidad de Milaya fue destruido, siempre según la misma fuente, un arsenal de Fire Point que almacenaba componentes y propulsores para drones de largo alcance FP-1 y FP-2.
En la región de Odesa, el ataque alcanzó un atracadero con petroleros y terminales de descarga de combustible y lubricantes en el puerto de Izmail. En el puerto de Mikoláiv, Rusia reportó haber golpeado una terminal de transbordo marítimo, centros logísticos usados para la descarga y el almacenamiento de cargamentos militares, 18 almacenes militares y tres depósitos de combustible y lubricantes destinados a las Fuerzas Armadas de Ucrania.
El comunicado ruso enmarca la operación como un esfuerzo sistemático por cortar las cadenas de suministro que sostienen el frente ucraniano, con especial énfasis en los nodos portuarios del sur, punto de entrada tradicional para insumos militares y combustible.
Conviene mirar los incentivos detrás de la selección de blancos. Un ejército que depende de líneas de abastecimiento largas y de importaciones —combustible, componentes de drones, munición— es tan vulnerable en sus depósitos como en su frente de batalla. La guerra de desgaste que se libra en Ucrania desde 2022 se ha vuelto, cada vez más, una guerra de logística: quien controla los puertos, las terminales aduaneras y los arsenales dicta el ritmo del combate tanto como quien controla el territorio.
El dato importa más que el ruido. Moscú no ha aportado verificación independiente de los daños ni de la composición exacta de los depósitos alcanzados, y las cifras —18 almacenes, tres depósitos de combustible— provienen exclusivamente de su propio parte militar. Kiev no ha ofrecido, en esta nota, una versión contrapuesta de los hechos. La prudencia informativa exige tratar estas cifras como reclamo de una de las partes, no como hecho consumado.
Lo que sí es verificable es la lógica estratégica: atacar Odesa y Mikoláiv golpea directamente los corredores por los que fluye la ayuda militar occidental hacia Ucrania, incluidos combustibles y equipos de origen europeo y estadounidense. Para las capitales que sostienen ese flujo, el mensaje ruso es explícito: la infraestructura de suministro, no solo el frente, es objetivo legítimo. La historia sugiere cautela ante any escalada centrada en puntos logísticos civiles-militares, porque tiende a prolongar —no acortar— los conflictos de desgaste, al forzar a ambas partes a reconstruir cadenas de abastecimiento bajo fuego constante.



