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Rajoy, la selección francesa y la máquina de indignación progresista

Un comentario irónico del expresidente español sobre la composición de la selección de Francia desató una avalancha de descalificaciones del gobierno de Sánchez, el PSOE y Podemos, que convirtieron una columna de opinión en un asunto de Estado.
Imagen ilustrativa
Líderesdomingo 12 de julio de 2026

Mariano Rajoy publicó una columna en el diario El Debate tras la clasificación de España para las semifinales del Mundial, en la que describió a la selección de Francia como un equipo con «un altísimo nivel, eso sí, sin franceses». La frase desató una respuesta coordinada del gobierno de Pedro Sánchez, del PSOE y de Podemos, que calificaron el comentario de «racista» y «xenófobo».

El presidente Sánchez respondió desde su cuenta de X con un mensaje en el que afirmó que «la pertenencia a un país no se mide por el apellido o el color de la piel». Añadió: «España es de quien la ama y la trabaja. No de quien la avergüenza con declaraciones xenófobas». Cerró con la frase: «Francia, nos vemos en semifinales. Que gane el mejor y que pierda el racismo».

El ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel Albares, calificó el comentario de «hiriente y peligroso» y advirtió que «el sabotaje del PP no impedirá el Tratado de Amistad con Francia», elevando así una opinión futbolística al rango de incidente diplomático bilateral.

El ministro de Transportes, Óscar Puente, fue más lejos: llamó a Rajoy «zoquete postfranquista corrupto» en redes sociales, según recoge la fuente. El PSOE calificó las declaraciones del expresidente de «vergonzosas» y las vinculó a «discursos que estamos empezando a escuchar en el Parlamento Europeo». Podemos, a través de su portavoz Pablo Fernández, escribió que «lo del PP y su racismo es absolutamente infame».

Desde París, el ministro del Interior francés, Laurent Nuñez, declaró en la televisión BMF TV que, si la cita era exacta, resultaba «absolutamente inaceptable» y «no refleja en absoluto lo que es Francia». Nuñez lamentó que ese tipo de comentarios alimentaran ataques racistas contra los jugadores, en particular contra el capitán Kylian Mbappé.

El episodio merece leerse con cuidado. Lo que Rajoy escribió es un juicio sobre la composición identitaria de un equipo nacional, un debate que existe en Francia desde hace décadas y que ha involucrado a políticos, sociólogos y a los propios jugadores. Que ese debate sea incómodo no lo convierte automáticamente en un delito moral. La diferencia entre una observación polémica y el racismo no es trivial, y diluirla sirve sobre todo para ampliar el perímetro de lo que el aparato político puede sancionar.

Conviene mirar los incentivos. El gobierno de Sánchez enfrenta un contexto político deteriorado y un tratado bilateral con Francia que, según el propio ministro Albares, corre riesgos. Convertir una columna de un expresidente opositor en un escándalo de Estado cumple varias funciones a la vez: desacredita al PP, refuerza la narrativa de que la derecha española es extremista y distrae de asuntos más sustanciales. El dato importa más que el ruido: ninguna fuente documenta que Rajoy haya incitado a la violencia ni vulnerado norma legal alguna. Lo que sí queda documentado es que un ministro del gobierno llamó «corrupto» a un expresidente en redes sociales, sin que eso generara la misma indignación institucional.

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