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Asia y China

Pyongyang rechaza la alerta de once aliados sobre su red de informáticos fantasma

El régimen norcoreano califica de «acusación política estereotipada» la advertencia conjunta de Estados Unidos y diez países sobre trabajadores de TI que financian con empleos remotos los programas de armas nucleares y misiles balísticos de Kim Jong-un.
Imagen ilustrativa
Asia y Chinamartes 4 de agosto de 2026

El Ministerio de Exteriores de Corea del Norte respondió esta semana a la advertencia conjunta emitida por once países —Estados Unidos, Japón, Corea del Sur, Australia, Canadá, Francia, Alemania, Italia, Países Bajos, Nueva Zelanda y Reino Unido— sobre una red de especialistas en tecnologías de la información vinculados a Pyongyang que, según esos gobiernos, acceden mediante identidades falsas a empleos remotos para financiar los programas ilegales de armas nucleares y misiles balísticos del régimen.

La alerta fue lanzada por el Equipo Multilateral de Monitoreo de Sanciones (EMMS), liderado por Washington. Según los once signatarios, esos trabajadores operan tanto dentro como fuera de Corea del Norte y canalizan los ingresos obtenidos hacia el aparato armamentístico de Pyongyang.

La respuesta norcoreana llegó a través de un portavoz de la diplomacia de la República Popular Democrática de Corea (RPDC) citado por la agencia estatal KCNA. El funcionario calificó la advertencia de «acusación política estereotipada con el siniestro propósito de dañar la imagen» del Estado norcoreano, y describió el EMMS como un «mecanismo fantasma que Occidente organizó por su cuenta».

El portavoz fue más lejos y revirtió la acusación: señaló a Estados Unidos como el responsable «innegable» de la inestabilidad en el ciberespacio, al que acusó de «estar empeñado en realizar ejercicios cibernéticos conjuntos» y de haber «creado un complejo militar-industrial para la guerra cibernética». Calificó esos ejercicios de «preparativos bélicos» y advirtió que los intentos de Washington por «crear un monopolio exclusivo en el ámbito de las tecnologías de la información, afirmando abiertamente que la inteligencia artificial equivale a armas nucleares», agravan la inestabilidad global.

La retórica de Pyongyang sigue un patrón conocido: convertir la acusación en acusación inversa y presentar las sanciones internacionales como instrumentos de «confrontación entre bloques» antes que como mecanismos de cumplimiento del derecho internacional.

El dato importa más que el ruido. Lo que está en discusión no es solo una disputa diplomática de palabras: es la capacidad de un régimen que viola sistemáticamente resoluciones del Consejo de Seguridad de la ONU para reclutar talento técnico en mercados laborales abiertos y convertirlo en financiamiento para arsenales prohibidos. La economía digital global, diseñada sobre la premisa del trabajo remoto y la verificación de identidad imperfecta, ofrece a Pyongyang una superficie de explotación que ninguna sanción comercial tradicional cierra por completo.

Conviene mirar los incentivos. La coalición de once países que firmó la advertencia representa una señal de coordinación inusualmente amplia, que incluye tanto aliados del Indo-Pacífico como potencias europeas. Esa amplitud sugiere que la amenaza es percibida como real y creciente. El rechazo de Pyongyang, formulado en los términos habituales de soberanía y victimización, no ofrece ninguna refutación factual de las acusaciones concretas. La historia sugiere cautela: las negaciones del régimen ante señalamientos similares en el pasado no han impedido que investigaciones posteriores confirmaran los hechos denunciados.

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