Volkswagen Group Argentina anunció que la nueva generación de la Amarok llegará al mercado en el primer trimestre de 2027, con una inversión de US$580 millones destinada al desarrollo y la adecuación de la planta de Pacheco. La producción de la generación actual no se interrumpirá hasta que comience la de la nueva, según confirmó Marcellus Puig, presidente de la compañía en el país.
El proyecto se ejecuta en conjunto con la automotriz china SAIC, socia de Volkswagen desde hace más de 45 años. Esa alianza permitirá incorporar motorización híbrida enchufable, además de la tradicional. La nueva pickup contará también con carrocería integrada —sin separación entre caja y cabina—, lo que marca una ruptura de diseño respecto del modelo actual.
La producción objetivo es de 80.000 unidades anuales, orientadas principalmente a Sudamérica. Para viabilizar el negocio, la compañía deberá cumplir con el requisito del 50% de contenido regional. Puig precisó que «la base fundamentalmente es la misma» en cuanto a proveedores, lo que sugiere que la cadena local de valor tiene continuidad asegurada.
Uno de los cambios más sensibles para el mercado argentino es la salida del motor V6, históricamente asociado a la identidad de la Amarok en el país. Martín Massimino, director Comercial de la automotriz, anticipó que la entrada de gama será «accesible y con equipo adecuado para competir», aunque no precisó cifras. Puig agregó que el vehículo fue testeado en minas de Chile y Perú, y que el objetivo es mantener potencia, torque y robustez como atributos centrales, con independencia de la motorización.
El board global de Volkswagen, incluido Thomas Schäfer, CEO de la marca a nivel mundial, visitó Argentina para supervisar los avances en Pacheco. La celebración de las 800.000 unidades producidas desde que comenzó la fabricación local, hace 16 años, sirvió de marco para los anuncios.
La nueva generación se lanzará inicialmente para Argentina, Brasil y el resto de Latinoamérica. Puig señaló que la compañía negocia con la casa matriz para ampliar mercados, pero que la prioridad inmediata es consolidar el volumen regional.
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Conviene mirar los incentivos. Una inversión de US$580 millones en una planta industrial argentina no es un gesto simbólico: es una señal de que el marco de negocios actual resulta suficientemente predecible para comprometer capital de largo plazo. El dato importa más que el ruido sobre la ausencia del V6 o la participación de un socio chino; lo relevante es que Pacheco seguirá produciendo, exportando y generando empleo privado calificado.
La alianza con SAIC refleja una lógica de mercado, no una concesión ideológica: quien ofrece la tecnología y la escala necesarias obtiene el contrato. La historia sugiere cautela respecto de los plazos —2027 aún es territorio de promesas—, pero la presencia del board global en Argentina y la continuidad de la cadena de proveedores son señales concretas. El libre mercado premia a quienes invierten donde las reglas del juego se respetan; mantener ese clima es, en última instancia, la tarea que le corresponde al Estado.



