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Europa agrícola pierde competitividad por costos, regulación y demora tecnológica

Un informe encargado por Bayer advierte que la producción de cultivos de la Unión Europea apenas creció 0,1% anual entre 2011 y 2023, muy por debajo de Brasil y Estados Unidos. La brecha, dice la compañía, puede ampliarse si Bruselas no acelera la innovación en el campo.
Imagen generada con IA
Negociosjueves 15 de octubre de 2026

Europa corre el riesgo de quedarse atrás en una actividad que sigue siendo estratégica para su economía y su seguridad alimentaria. Un informe encargado por Bayer, con un análisis económico de Oxford Economics, sostiene que la producción de cultivos de la Unión Europea creció apenas 0,1% anual entre 2011 y 2023, frente al 3,3% de Brasil y el 1% de Estados Unidos.

La comparación es más incómoda cuando se mira la evolución de la última década. En la Unión Europea, la producción agrícola promedio fue apenas 2% mayor que en la década anterior, mientras que en Estados Unidos aumentó 16%, en Canadá 44% y en Brasil 51%. Según el informe, también hubo crecimientos anuales de entre 2% y 3% en China, Canadá e India, frente a un promedio mundial del 2%.

Bayer atribuye parte de esa brecha a la dificultad para incorporar nuevas tecnologías y a un marco regulatorio que retrasa autorizaciones y limita la disponibilidad de herramientas. En otras regiones, los productores pueden acceder a una mayor variedad de semillas, productos para proteger los cultivos y tecnologías digitales; en Europa, las autorizaciones suelen llevar más tiempo y algunos productos dejan de estar disponibles por las restricciones regulatorias.

Uno de los datos más llamativos es el de los productos fitosanitarios. A principios de la década de 2000 había más de 1000 ingredientes activos autorizados en la Unión Europea, pero actualmente quedan alrededor de 420. En los últimos siete años, los agricultores dejaron de tener acceso a 92 ingredientes activos y solo se incorporó al mercado uno nuevo de origen sintético durante ese mismo período.

El costo de producir también se ve golpeado por el clima. Según Oxford Economics, las pérdidas provocadas por fenómenos climáticos en la agricultura europea llegan, en promedio, a 17.400 millones de euros por año, equivalente al 6,4% de la producción agrícola de la UE. Para 2050, esas pérdidas podrían ubicarse entre 24.800 y 28.900 millones de euros anuales.

La agricultura, además, no es un sector menor en la estructura económica europea. Oxford Economics calcula que la producción de cultivos y la actividad que genera en otros sectores aportan 246.000 millones de euros al producto bruto interno de la Unión Europea y 5700 millones de euros al del Reino Unido.

Desde Bayer, Frank Terhorst advirtió sobre una «creciente brecha de resiliencia» y sostuvo que la agricultura debe entenderse como un sector estratégico fundamental para la autonomía y la competitividad de Europa. También reclamó que las nuevas tecnologías lleguen más rápido al campo europeo y que la innovación sea tratada como una oportunidad, no como un riesgo.

La empresa dice que los productores necesitan más tecnologías de semillas, herramientas de agricultura de precisión, automatización e inteligencia artificial. También pide procesos de aprobación más rápidos y previsibles, sin dejar de lado los controles de seguridad.

Conviene mirar los incentivos. Si la regulación reduce opciones, encarece la adopción tecnológica y retrasa la respuesta productiva, el resultado probable es menos competitividad y más dependencia de un aparato normativo que protege el procedimiento antes que el rendimiento. El dato importa más que el ruido: la agricultura europea no solo compite con Brasil o Estados Unidos, también compite con su propia burocracia.

Hay, además, una señal política difícil de ignorar. Según las encuestas realizadas para Bayer, el 84% de los consumidores europeos considera que garantizar la producción de alimentos es una cuestión de seguridad nacional, y el mismo porcentaje cree que los agricultores deberían tener acceso a las últimas tecnologías para conseguir mejores cosechas y abaratar los alimentos. El 77% dice que reducir la burocracia ayudaría a Europa a producir suficientes alimentos.

La historia sugiere cautela. Europa dispone de buenos productores, conocimientos científicos, suelos y capacidad industrial, como reconoce la propia empresa. Pero si el marco institucional sigue premiando la demora, la ventaja recaerá en quienes innovan más rápido y con menos trabas. En un sector básico como la agricultura, eso no es una abstracción: es una desventaja real para la libre empresa, para el consumidor y para la autonomía europea.

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