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México y Francia exhiben dos siglos de amistad y de guerra

Una muestra en la Biblioteca Vasconcelos recorre 200 años de vínculo bilateral, desde la intervención imperial de Napoleón III hasta la cooperación cultural actual.
Foto: eluniversal.com.mx
Culturajueves 3 de septiembre de 2026

La Biblioteca Vasconcelos inauguró el 1 de septiembre la exposición «Francia-México, 200 años de relación y amistad: resonancias, disonancias y contrapuntos», organizada por el Institut français d'Amérique latine (IFAL) y la Secretaría de Relaciones Exteriores de México.

La muestra reúne más de un centenar de reproducciones fotográficas y documentos, junto con obras de arte, distribuidos en 52 paneles. Contó con el apoyo del Acervo Histórico Diplomático y la colaboración del Centro de Estudios Mexicanos y Centroamericanos (CEMCA).

El curador, el investigador Philippe Ollé-Laprune, describió el vínculo como «una relación única, animada por una fuerza que no tienen las relaciones con otros países de América Latina». Según explicó, el hilo narrativo combina la dimensión política y diplomática con una historia de las ideas y las estéticas.

El recorrido se remonta a 1523, cuando el corsario francés Jean Fleury capturó dos carabelas que Hernán Cortés enviaba a España cargadas de tesoros. Esos objetos fueron exhibidos en Francia en 1527, en lo que se considera la primera muestra europea de piezas prehispánicas.

Tres siglos más tarde, ambos países establecieron relaciones comerciales que antecedieron el vínculo diplomático formal de 1830. Ollé-Laprune señaló una coincidencia estructural: «los dos son casi al mismo tiempo imperios y ambos son países que poco a poco buscan su sistema ideal de gobierno, una democracia, una República».

La exposición no elude el capítulo más tenso de la relación bilateral: la Guerra de los Pasteles y la posterior llegada a México del emperador Maximiliano de Habsburgo, impulsada por Napoleón III. Ese episodio de intervención imperial francesa dejó, no obstante, un gesto de solidaridad que la muestra recupera: las cartas que Víctor Hugo dedicó a la resistencia mexicana tras la batalla de Puebla, una dirigida a Benito Juárez y otra a los defensores de la ciudad.

«Es un momento político bello, en el que Víctor Hugo dice que no es Francia quien los está atacando, sino un imperio que va en contra de los valores de Francia», relató el curador durante la inauguración.

Sobre la atracción francesa hacia México, Ollé-Laprune apuntó a un factor cultural de largo aliento: «Hay una fascinación que México ejerce hacia los franceses, que tiene que ver con un mundo indígena, mágico, de imaginación, de fuerza y naturaleza». Ese universo prehispánico, agregó, fue imaginado por Francia durante el Romanticismo, «a veces de manera delirante».

La muestra marca el inicio formal de las celebraciones por los 200 años de relación entre ambos países, un calendario que las cancillerías de México y Francia han decidido sostener a través de la diplomacia cultural, un terreno menos costoso y más duradero que los comunicados protocolares.

Conviene mirar los incentivos detrás de este tipo de gestos bilaterales. La diplomacia cultural funciona como instrumento de poder blando: no reemplaza los acuerdos comerciales ni las decisiones de inversión, pero construye el terreno simbólico sobre el que después se negocian esos acuerdos. Francia, con dos siglos de presencia intelectual en México, capitaliza aquí un activo que no requiere gasto público adicional significativo, apenas coordinación institucional entre el IFAL y la Cancillería mexicana.

El episodio de Maximiliano y la intervención de Napoleón III, sin embargo, sigue siendo un recordatorio incómodo pero pertinente: la historia de México con potencias extranjeras no ha sido lineal, y la memoria de esa intervención imperial —rescatada aquí sin maquillaje por los propios organizadores— es un argumento a favor de instituciones nacionales sólidas frente a cualquier tentación de tutela externa, venga de donde venga. La historia sugiere cautela ante los relatos de amistad perpetua entre Estados; lo que perdura son los intereses y las instituciones que los canalizan.

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