Durante cuatro años, el establecimiento del golf profesional repitió la misma sentencia: LIV Golf era un experimento temporal condenado a colapsar en cuanto el petrodólar dejara de fluir. El colapso, al parecer, no llegó a tiempo.
Según reportó el New York Post, LIV Golf está cerca de cerrar una inyección de capital superior a los 250 millones de dólares proveniente de un sindicato de firmas de inversión privada. Las empresas participantes habrían presentado compromisos escritos y term sheets calificados. El objetivo declarado es mantener la liga en operación hasta 2027 y más allá.
El acuerdo no está cerrado. LIV declinó hacer comentarios. Pero si la operación se concreta, representaría una demostración de que el capital privado puede reemplazar —al menos parcialmente— el subsidio soberano que durante años sostuvo la liga.
El retiro saudí
El detonante de la crisis fue la decisión del Fondo de Inversión Público (PIF) de Arabia Saudita de informar a LIV que no seguiría financiando la liga más allá de la temporada 2026. El fondo soberano reorientó su capital hacia otras prioridades. Según la fuente, el PIF habría invertido más de 5.000 millones de dólares en LIV desde su lanzamiento, cubriendo contratos millonarios para jugadores, bolsas de torneo y la expansión global del circuito.
La respuesta de LIV fue reorganizar su liderazgo: nombró a Gene Davis, ejecutivo veterano en reestructuraciones corporativas, como presidente, y contrató al banco de inversión Ducera Partners para liderar el proceso de captación de capital.
Los números del plan
Los materiales de presentación a inversionistas proyectaron que LIV podría alcanzar la rentabilidad en aproximadamente 20 meses si lograba recaudar los 250 millones y reducía drásticamente sus gastos. Otras versiones del mismo plan contemplaban hasta 350 millones de dólares y un camino más largo hacia el equilibrio financiero, lo que refleja cuán fluidas siguen siendo las proyecciones internas.
En cualquier escenario, el modelo de gasto desmesurado de los años de lanzamiento parece haber llegado a su fin.
Lo que está en juego
Conviene mirar los incentivos. LIV nació como una disrupción financiada por un Estado; su supervivencia mediante capital privado sería, en cambio, una historia de mercado. Si las firmas de inversión están dispuestas a comprometer cientos de millones sin garantía soberana, es porque calculan que el producto tiene valor comercial real: audiencias, derechos de transmisión, patrocinios y la capacidad de negociar desde una posición de fuerza frente al PGA Tour.
El dato importa más que el ruido. Durante años, la narrativa dominante en los medios del golf descartó a LIV como una anomalía financiada por petrodólares sin futuro propio. Esa narrativa sirvió a los intereses del establecimiento, pero nunca fue un análisis de mercado riguroso. Que firmas privadas estén dispuestas a entrar sugiere que la competencia en el golf de alto rendimiento tiene más piernas de las que sus críticos admitieron.
La historia sugiere cautela: el acuerdo no está firmado, los planes de rentabilidad varían entre versiones del mismo documento y la reducción de costos prometida aún debe materializarse. Pero si el capital privado reemplaza al capital estatal en LIV, el resultado sería, paradójicamente, una liga más sana desde el punto de vista de los incentivos que la que el PIF construyó a golpe de talonario.



