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La pirámide más grande del planeta recibió 188.555 visitantes en 2025, frente a los 14 millones de Egipto

La Gran Pirámide de Cholula duplica en volumen a la de Giza, pero su afluencia anual equivale a un solo día de turismo egipcio. La fuente atribuye la brecha, ante todo, al desconocimiento del sitio.
Foto: infobae.com
Culturasábado 29 de agosto de 2026

La Gran Pirámide de Cholula, en Puebla, es la estructura de mayor volumen construida por el ser humano: 4,45 millones de metros cúbicos, casi el doble de los 2,5 millones de la Gran Pirámide de Giza, según la certificación del INAH avalada por el Guinness World Records. Su base mide 450 por 450 metros —cuatro veces la de Giza— y se eleva 66 metros sobre la llanura poblana.

El contraste con el flujo de visitantes es abrupto. En 2025, Cholula recibió 188.555 personas —523 por día—, mientras las pirámides de Egipto concentraron entre 14 y 15 millones en el mismo periodo. Según la fuente, «la razón más inmediata es que la mayoría no sabe que existe».

La comparación interna también es reveladora. En el Equinoccio de Primavera de 2025, uno de los días de mayor afluencia a zonas arqueológicas mexicanas, Cholula registró 4.713 visitantes, frente a los 36.255 de Teotihuacán en el mismo periodo de cuatro días. En el balance del año completo, Teotihuacán sumó 1,6 millones de visitantes; Cholula no llegó a 200 mil.

La pirámide no es obra de una sola civilización. Su construcción comenzó alrededor del 300 a.C. y se extendió casi mil años, hasta el siglo IX d.C. Cada cultura que dominó la región levantó su propio templo sobre el anterior sin demolerlo, en un proceso repetido al menos ocho veces, según el mapeo de las arqueólogas Gabriela Uruñuela y Patricia Plunket, publicado por la Fundación para el Avance de los Estudios Mesoamericanos (FAMSI). Se estima que la obra requirió alrededor de 100 millones de adobes de barro, con revestimientos de roca volcánica. Hacia el año 200 d.C., el complejo urbano que la rodeaba albergaba cerca de 100 mil habitantes, la segunda ciudad de Mesoamérica después de Teotihuacán.

Cuando Hernán Cortés llegó a Puebla en 1519, la pirámide llevaba nueve siglos abandonada y cubierta de vegetación; los españoles la confundieron con una montaña natural. En 1594 construyeron encima el Santuario de Nuestra Señora de los Remedios, cuyas cúpulas amarillas —con el Popocatépetl de fondo— son hoy una de las postales más reconocidas del país. El arqueólogo Adolph Bandelier documentó en 1881 que la elevación era artificial, y las excavaciones formales comenzaron en 1931 bajo Ignacio Marquina. Para 1954, la red de túneles interiores sumaba cerca de 8 kilómetros.

De esos 8 kilómetros, solo 800 metros están habilitados para el público. Permanecieron cerrados desde el inicio de la pandemia en 2020 y reabrieron en marzo de 2026, coincidiendo con el Equinoccio de Primavera. El INAH supervisó una rehabilitación de 8 millones de pesos que incluyó iluminación renovada, códigos QR con información histórica y cámaras de vigilancia. La entrada cuesta 210 pesos para visitantes generales y 105 para nacionales y residentes en México. El sitio se ubica a 15 kilómetros de la ciudad de Puebla y a dos horas de la Ciudad de México.

Los números, puestos uno junto al otro, plantean una pregunta que la propia cobertura no resuelve del todo: por qué un activo certificado como el monumento más grande jamás construido genera, en un año completo, menos visitas que las que Egipto recibe en cuestión de días. La fuente apunta al desconocimiento como causa inmediata, sin entrar en las razones de fondo.

Conviene mirar los incentivos antes de sacar conclusiones apresuradas. Que los túneles hayan permanecido cerrados seis años y que la reapertura coincida con una inversión puntual de 8 millones de pesos no permite, por sí solo, establecer una relación causal entre gestión y resultado. Lo que sí queda documentado es la magnitud de la brecha entre el potencial del sitio y su aprovechamiento efectivo, un dato que cualquier discusión futura sobre promoción turística en México tendrá que tomar como punto de partida.

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