Un conflicto que se presentó como breve está dejando una factura política creciente en la Casa Blanca. Las encuestas de medios tan distintos como Fox News (39%), CNN (34%) y AP (33%) coinciden en situar la aprobación del presidente Donald Trump por debajo del 40%, un territorio que evoca el segundo mandato de George W. Bush durante la guerra de Irak, cuando su promedio rondaba el 38% en un momento comparable.
La analogía tiene límites precisos. La guerra contra Irán no involucra invasión terrestre, cambio de régimen ni contrainsurgencia. Las bajas no se acercan a la escala de Irak, y el conflicto lleva meses, no años. Sin embargo, comparte con aquella guerra un rasgo que los estrategas suelen subestimar: el efecto doméstico sobre el bolsillo del ciudadano.
El precio de la gasolina por encima de los cuatro dólares el galón convirtió el Estrecho de Ormuz en un tema cotidiano para millones de estadounidenses. Cada visita a la gasolinera es un recordatorio del conflicto. En la encuesta de CNN, solo el 28% aprueba el manejo de Irán por parte de Trump, el 25% aprueba su gestión de la inflación y el 21% la de los precios de la energía. En la última encuesta de Fox News, el 33% aprueba su manejo de la economía y el 67% lo desaprueba.
Esa cifra es la más costosa políticamente, porque la economía era la fortaleza que definió el primer mandato de Trump y la promesa central de su regreso. Al apostar simultáneamente por aranceles y una operación militar de envergadura, ambas con efectos inflacionarios, el presidente resignó su principal activo ante el electorado.
Cuando se firmó el memorando de entendimiento con Irán, Trump argumentó que reabrir el estrecho evitaría un mayor deterioro económico y declaró que no quería pasar a la historia como «otro Herbert Hoover». Sin un nuevo acuerdo, la Casa Blanca enfrenta una disyuntiva sin opciones cómodas: escalar el conflicto o sostener una confrontación de baja intensidad indefinida, ninguna de las cuales resulta popular. La encuesta de CNN señala que casi tres cuartas partes de los estadounidenses consideran que Trump no ha prestado suficiente atención a los problemas más urgentes del país.
El análisis señala también un patrón de exceso de confianza: así como el éxito de Bush al derrocar al Talibán allanó el camino hacia Irak, la captura de Nicolás Maduro habría alimentado la percepción de que Irán sería sencillo. Tanto los republicanos del establishment como los populistas «America First» subestimaron la complejidad de la operación.
Conviene mirar los incentivos. Un gobierno que llega al poder con un mandato económico claro asume un riesgo desproporcionado cuando desvía atención y recursos hacia frentes militares sin haber construido primero el consenso doméstico que los sostenga. La lección no es que la fuerza sea ilegítima, sino que su uso eficaz exige preparación política tanto como capacidad militar. El dato importa más que el ruido: cuando el 67% desaprueba la gestión económica del presidente que ganó prometiendo prosperidad, el margen para sostener cualquier otra agenda se estrecha de forma severa. La historia sugiere cautela ante la tentación de resolver con poder militar lo que primero requiere gobernanza económica sólida.



