El fabricante japonés de chips Kioxia cayó el 18,11 % en la sesión matutina del martes en la Bolsa de Tokio, con la acción situándose en los 44.670 yenes —alrededor de 239,83 euros—, su nivel más bajo en aproximadamente dos meses y medio. Con ese descenso, la capitalización bursátil de la compañía quedó en unos 24,57 billones de yenes, equivalentes a cerca de 147.500 millones de euros.
El contraste con el máximo histórico del 22 de junio es llamativo: aquel día, las acciones de Kioxia se negociaban a más de 112.000 yenes —unos 600 euros— y la empresa llegó a convertirse en la de mayor capitalización del mercado japonés, impulsada por el auge de las inversiones vinculadas a la inteligencia artificial. En pocas semanas, ese valor se ha evaporado en más de la mitad.
La corrección no fue exclusiva de Kioxia. Advantest retrocedió un 10,31 % y Disco un 11,54 %, mientras que SoftBank —el gigante de las telecomunicaciones y la inversión que ha apostado con fuerza por la IA— cedió un 6,3 %, hasta los 4.995 yenes por unidad, cayendo por debajo de los 5.000 yenes por primera vez desde mediados de mayo. La Bolsa de Seúl, muy expuesta al sector, registraba pérdidas superiores al 10 % en la misma jornada, y las ventas masivas de acciones tecnológicas en Wall Street completaron el cuadro de presión simultánea en los tres grandes mercados.
Detrás de las caídas, según los analistas citados por las agencias, está el temor de los inversores a una burbuja en el sector de la IA y la recogida de beneficios acumulados durante meses de rally. El ciclo es conocido: la narrativa de una tecnología transformadora atrae capital, eleva valoraciones a múltiplos difíciles de justificar con los flujos de caja actuales y, tarde o temprano, provoca la corrección.
Conviene mirar los incentivos. El dinero que fluyó hacia empresas de semiconductores y plataformas de IA durante el primer semestre no respondía únicamente a fundamentos operativos; respondía también a la expectativa de que los grandes contratos de infraestructura —centros de datos, modelos de lenguaje, computación en la nube— mantendrían una demanda de chips sin precedentes. Cuando esa expectativa se pone en duda, la velocidad de la corrección es proporcional a la del ascenso.
El dato importa más que el ruido. Una caída del 18 % en una sola sesión, después de un máximo histórico alcanzado apenas cinco semanas antes, no es ajuste técnico menor: es una señal de que los mercados están recalibrando el precio del riesgo en el sector. Para los inversores de libre empresa que apostaron por la ola de IA, la lección no es abandonar el sector, sino exigir que las valoraciones descansen en resultados verificables y no en proyecciones de largo plazo que aún no tienen respaldo en los balances.
La historia sugiere cautela. Los ciclos de euforia tecnológica —desde las puntocom hasta el auge de las criptomonedas— comparten una estructura similar: primero el relato, luego el capital, después la corrección y, finalmente, la consolidación en torno a los actores con modelos de negocio sólidos. Quienes sobreviven a la limpieza suelen ser los que generan caja real. El resto queda como advertencia.



