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Jenesano, el pueblo boyacense que tomó su nombre de una campiña italiana

A 29 kilómetros de Tunja, este municipio de manzanas y feijoa fue rebautizado en 1830 por su parecido con Genazzano; hoy vive del agro y de un turismo rural en expansión.
Foto: semana.com
Culturasábado 29 de agosto de 2026

Boyacá concentra buena parte del inventario turístico de Colombia: paisajes montañosos, pueblos coloniales y sitios ligados a la Independencia, desde Villa de Leyva hasta el Puente de Boyacá. Entre sus 123 municipios figura Jenesano, a 29 kilómetros de Tunja —unos 50 minutos por carretera— y con una historia de nombre poco habitual entre los destinos del departamento.

El municipio se llamó originalmente Piranguatá. El cambio llegó en 1830 por impulso del sacerdote Andrés María Gallo, quien encontró parecido entre el paisaje local y el de Genazzano, una localidad de la provincia de Roma, en el centro de Italia. De esa semejanza surgió el nombre actual.

En 1999 la Corporación de Turismo de Boyacá lo declaró «el pueblo más lindo de Boyacá». El Sistema de Información Turística de Boyacá (Situr Boyacá) atribuye la distinción a «la amabilidad de la gente, el clima, el paisaje que lo rodea, la cultura, el aspecto colonial», méritos que, según la entidad, el municipio conserva y que lo mantienen como «destino obligado» dentro del circuito boyacense.

La cabecera municipal está a 2.100 metros sobre el nivel del mar, con una temperatura promedio de 18 grados. El territorio linda con los páramos de Vijagual y El Rabanal, y su curso de agua principal es el río Jenesano.

La base económica del municipio combina agricultura y ganadería con un turismo local que Situr describe como «en crecimiento». Los cultivos principales son maíz, papa, feijoa, durazno, pera, ciruela, tomate de árbol y manzana. Esta última, según la misma fuente, es reconocida por su calidad y se comercializa en otras regiones del país, lo que convierte a Jenesano en un proveedor agrícola más allá de sus fronteras municipales.

Entre los atractivos que sostienen el flujo de visitantes están la plaza principal y su iglesia de estilo barroco, la cascada Baganeque, el puente colgante Los Recuerdos de Ella y el río Teatinos con sus caídas de agua. La finca Tierra Grata elabora vino de feijoa, un producto que aprovecha directamente el cultivo insignia de la zona. El Parque Recreativo y Agroindustrial La Granja, el Alto de Rodríguez y varios centros recreacionales con piscinas y restaurantes completan la oferta para lugareños y foráneos.

El caso de Jenesano ilustra algo más amplio que ocurre en buena parte de la provincia boyacense: economías rurales pequeñas que diversifican ingresos entre el campo y el turismo sin depender de un único motor productivo. La manzana jenesana, comercializada fuera del municipio, y el vino de feijoa producido en una finca privada son ejemplos de valor agregado generado a escala local, con inversión y trabajo de particulares antes que de programas estatales de gran escala.

Esa combinación —agricultura de calidad reconocida en el mercado regional, iniciativas privadas como la vinificación de feijoa y un flujo turístico creciente atraído por el patrimonio arquitectónico y paisajístico— es, en última instancia, lo que sostiene a municipios de este tamaño frente a la migración hacia las grandes ciudades. Conviene mirar los incentivos: donde el campesino y el pequeño empresario turístico encuentran mercado para su producto, la economía local se sostiene sin necesidad de subsidios permanentes. El dato importa más que el ruido: Jenesano no figura en los grandes titulares nacionales, pero su modelo de pequeña propiedad agrícola combinada con turismo rural ofrece una lección de resiliencia económica que otros municipios boyacenses podrían replicar.

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