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Oriente Medio y África

Irán declara «guerra económica total» mientras Washington celebra el colapso de su economía

El jefe negociador iraní promete derrotar al «enemigo» en el frente económico; la Casa Blanca afirma que las sanciones son «devastadoras» y que la inflación supera el 100%.
Foto: latercera.com
Oriente Medio y Áfricajueves 27 de agosto de 2026

El presidente del Parlamento de Irán y jefe del equipo negociador con Estados Unidos, Qalibaf, declaró este jueves que la República Islámica enfrenta una «guerra económica total» y prometió que «el enemigo será derrotado también en este campo». Sus palabras, recogidas por la agencia Mehr, llegaron en medio de una ronda de conversaciones entre Teherán y Washington cuyo desenlace sigue sin definirse.

Qalibaf apeló a la «unidad, cohesión nacional y confianza» en el liderazgo supremo como el «apoyo más importante» para que los funcionarios iraníes superen los desafíos actuales. Reconoció que «la guerra ha creado consecuencias directas sobre la economía del país» y que el adversario «ha desplegado todas sus capacidades para ejercer una mayor presión sobre el pueblo iraní». Aun así, aseguró que las autoridades han puesto en marcha «medidas efectivas» para gobernar y corregir debilidades, sin precisar cuáles.

Desde Washington, la portavoz de la Casa Blanca, Leavitt, ofreció una lectura opuesta. En declaraciones a Fox News, afirmó que Teherán ya siente las sanciones «devastadoras» anunciadas por Estados Unidos. «Su economía, como ya sabemos, está en caída libre. Se encuentran en una situación devastadora», sostuvo, citando una inflación superior al 100% y la incapacidad del régimen para pagar sueldos a policías y militares. Leavitt también vinculó ese deterioro a la operación militar que, según dijo, «tuvo muchísimo éxito a la hora de debilitar al régimen iraní militarmente».

El contraste entre ambas narrativas es revelador. Teherán recurre al lenguaje de la resistencia y la cohesión interna; Washington, al lenguaje de los resultados medibles: inflación, salarios impagos, caída libre. Uno apela a la voluntad; el otro, a los incentivos y a los números.

El dato importa más que el ruido. Una inflación superior al 100% no es un indicador político: es la destrucción sistemática del poder adquisitivo de la población civil, precisamente el grupo al que Qalibaf prometió proteger. Que el jefe negociador iraní reconozca «consecuencias directas sobre la economía» mientras negocia con la contraparte que impone esas sanciones revela la fragilidad real de la posición de Teherán, más allá de la retórica de resistencia.

Conviene mirar los incentivos. El régimen iraní necesita un acuerdo que alivie la presión económica; Estados Unidos, bajo la administración Trump, ha optado por maximizar esa presión antes de sentarse a negociar en serio. La estrategia de máxima presión tiene un costo humanitario real, pero también una lógica de mercado: quien más necesita el acuerdo, cede más en la mesa. La pregunta que las próximas rondas deberán responder es si Teherán tiene margen político interno para hacer concesiones sustantivas o si la retórica de «guerra total» es, en realidad, la única moneda que le queda.

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