Las autoridades de Indonesia dieron por concluidas este martes las labores de rescate tras el incendio declarado el domingo en un ferry frente a la costa de Madura, en Java Oriental. El resultado final: 233 supervivientes y cinco fallecidos de un total de 238 personas que viajaban a bordo, entre pasajeros y tripulación.
El jefe de la Agencia Nacional de Búsqueda y Rescate, Mohammad Syafii, confirmó las cifras en rueda de prensa tras varios días en que las autoridades fluctuaron en el número de personas a bordo. La embarcación cubría la ruta entre las ciudades portuarias de Surabaya y Makassar cuando se declaró el fuego, cuya causa permanece bajo investigación.
La mayoría de quienes viajaban eran conductores de camiones, según el diario local «The Jakarta Post». Syafii explicó que varios pasajeros cayeron al mar desde una altura de unos diez metros y permanecieron a la deriva durante horas; la mayoría estaba equipada con chalecos salvavidas. El funcionario no mencionó el uso de botes o balsas salvavidas durante la evacuación, un detalle que agrava las preguntas sobre los protocolos de seguridad aplicados.
El incidente no es un hecho aislado. Los accidentes marítimos son frecuentes en Indonesia por una combinación de factores documentados: infraestructuras precarias, sobrecarga de pasajeros y mercancías, cumplimiento laxo de las normas de seguridad e inclemencias meteorológicas. En un incidente previo registrado en la provincia de Célebes Septentrional, un ferry con 580 personas a bordo se incendió y dejó tres muertos, con decenas de pasajeros que saltaron al mar para escapar de las llamas.
La presidenta de la Cámara de Representantes, Puan Maharani, aseguró —según la agencia pública Antara— que Indonesia está impulsando el fortalecimiento de la seguridad marítima tras los últimos accidentes. El archipiélago, formado por más de 17.000 islas y con una población de cerca de 290 millones de habitantes, depende del transporte marítimo como arteria fundamental de su economía y movilidad interna.
Conviene mirar los incentivos. El transporte marítimo indonesio opera bajo un marco regulatorio que, según los propios datos de siniestralidad, no genera los incentivos suficientes para que operadores y autoridades portuarias eleven los estándares de seguridad. Cuando el cumplimiento normativo es laxo y las consecuencias para los responsables son difusas, el resultado previsible es la repetición del ciclo: accidente, declaración política, olvido.
El dato importa más que el ruido. Las declaraciones de Puan Maharani sobre el «fortalecimiento» de la seguridad marítima son el tipo de respuesta institucional que Indonesia ha producido tras cada tragedia reciente. Lo que el registro histórico exige no son compromisos verbales, sino mecanismos de fiscalización independientes, responsabilidad patrimonial de los operadores y una inversión sostenida en infraestructura portuaria. Sin esos elementos, el anuncio es, como tantas veces antes, una foto y pocos compromisos verificables.



