Ford anunció una colaboración con la fabricante china Geely para producir vehículos eléctricos e híbridos destinados al mercado europeo. Las operaciones se desarrollarán en la planta de Almussafes, en Valencia, España, y los primeros modelos comenzarían a salir de la línea de producción a partir de 2028.
La estructura accionarial de la nueva sociedad otorga a Ford el 66% de la participación, mientras que Geely retiene el 34% restante. Bajo ese esquema, las dos compañías planean fabricar cuatro modelos en Valencia: dos SUV de Geely, un crossover familiar multienergía diseñado por Ford en colaboración con Geely, y un nuevo Ford Bronco. La planta continuaría produciendo además el Ford Kuga, el SUV híbrido que ya forma parte de su línea actual.
El proyecto contempla elevar de forma progresiva la producción hasta alcanzar una capacidad cercana a los 500.000 vehículos anuales. Para Geely, el acuerdo representa su primera instalación productiva en suelo europeo, lo que le permitiría acelerar el lanzamiento de futuros modelos y apoyarse en una red de proveedores ya establecida en el continente.
El presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, estuvo presente en la presentación del proyecto. Según sus declaraciones, la operación «demuestra algo muy importante y es la capacidad de España para atraer grandes inversiones y para participar de las grandes transformaciones que están definiendo el futuro de la movilidad».
El acuerdo se inscribe en una tendencia más amplia que atraviesa el sector automotor global: fabricantes occidentales de larga trayectoria se asocian con compañías chinas para sostener o ampliar la producción de vehículos electrificados en Europa, un mercado sometido a creciente presión regulatoria y competitiva.
Conviene mirar los incentivos. La alianza Ford-Geely no es solo un movimiento industrial; es también una señal de que la transición eléctrica en Europa difícilmente se financiará sin capital y tecnología chinos, al menos en el horizonte inmediato. Para Ford, ceder el 34% a Geely es el precio de mantener capacidad productiva en un continente donde los costos operativos y las exigencias regulatorias encarecen la manufactura propia. Para Geely, es la puerta de entrada a un mercado que, de otro modo, enfrenta aranceles y fricciones crecientes.
El dato importa más que el ruido: una planta española con mayoría estadounidense pero socio chino es, en la práctica, un nodo donde convergen los tres grandes bloques del comercio global. La estabilidad jurídica de España y el acceso al mercado único europeo son los activos que hacen viable el proyecto. Lo que queda por ver es si la cadena de proveedores local —cuya integración es condición para que la apuesta sea genuinamente europea— puede escalar al ritmo que el calendario de 2028 exige.



