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El SUV familiar de Mazda supera en velocidad máxima al Dodge Charger R/T 2026

Según pruebas de Car and Driver, el CX-90 alcanzó 204 km/h frente a los 201 km/h del sedán deportivo estadounidense, aunque el Charger gana con claridad en aceleración.
Imagen ilustrativa
Negociosmartes 21 de julio de 2026

Las pruebas comparativas de Car and Driver —medio especializado fundado en Estados Unidos en 1955— arrojaron un resultado que pocos en la industria esperaban: el Mazda CX-90, un SUV de tres filas con capacidad para hasta ocho pasajeros, superó en velocidad máxima al Dodge Charger R/T 2026.

Según la publicación, el Charger R/T 2026 está limitado electrónicamente a 201 km/h. El CX-90 alcanzó 204 km/h. La diferencia es de apenas 3 km/h, pero suficiente para que el SUV japonés se adjudique ese apartado.

Pesos que sorprenden

La comparación arroja otro dato llamativo. Durante las pruebas, el Dodge Charger R/T 2026 registró un peso de 2,232 kg. El Mazda CX-90 marcó 2,221 kg. Es decir, el sedán deportivo pesa más que el SUV familiar. Las cifras oficiales de ambas marcas son algo menores —Dodge declara 2,151 kg para el Charger y Mazda 2,198 kg para el CX-90 con motor de acceso—, pero Car and Driver realizó las mediciones bajo las mismas condiciones y con el mismo equipo.

Mecánicas distintas, resultados dispares

En aceleración, el Charger mantiene una ventaja clara. Su motor Hurricane biturbo de seis cilindros desarrolla 420 hp y llevó al sedán de 0 a 97 km/h en 4.7 segundos. El CX-90 evaluado monta un motor de seis cilindros en línea turboalimentado con 280 hp y 332 lb-pie de torque; completó la misma prueba en 6.9 segundos. Una diferencia de 2.2 segundos que ningún dato de velocidad máxima borra.

Conviene mirar los incentivos detrás de estos números. El Charger nació como un automóvil de vocación deportiva; el CX-90 fue diseñado para transportar familias con equipamiento, seguridad y confort. Que ambos converjan en peso y velocidad punta dice menos sobre el mérito relativo de cada modelo y más sobre una tendencia estructural de la industria: los estándares de seguridad, el equipamiento tecnológico y las normativas de emisiones han incrementado el peso de prácticamente todos los segmentos en la última década.

Lo que el dato revela

En condiciones reales de uso —límites de velocidad, tráfico urbano, cargas familiares— la diferencia de 3 km/h en velocidad máxima no tiene relevancia práctica para la mayoría de los propietarios. El dato importa más que el ruido: lo que la prueba documenta es que la brecha de desempeño entre un sedán deportivo de entrada y un SUV familiar de gama alta se ha estrechado de forma notable.

Para el mercado de libre empresa, esa convergencia tiene una lectura directa. Los fabricantes compiten en un espacio donde las regulaciones de seguridad y emisiones elevan los costos de desarrollo y el peso de los vehículos de forma transversal. El resultado es que la diferenciación por desempeño puro —históricamente el argumento del sedán deportivo— se vuelve más cara de sostener. Stellantis, con el Charger, y Mazda, con el CX-90, ilustran desde ángulos opuestos el mismo dilema: en un mercado donde el peso sube para todos, la propuesta de valor debe buscarse en otros atributos. La historia sugiere cautela antes de declarar ganadores definitivos en cualquier segmento.

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