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Asia y China

El mayor destructor de la historia naval japonesa, con 128 silos y radar SPY-7, apunta a misiles hipersónicos

Tokio traslada al mar su defensa antimisiles tras cancelar el sistema terrestre Aegis Ashore. El buque, de 14.000 toneladas y 190 metros, redefine el equilibrio estratégico en el Pacífico.
Imagen ilustrativa
Asia y Chinalunes 3 de agosto de 2026

Japón inició la construcción del destructor más grande de su historia naval. La embarcación tendrá un desplazamiento cercano a las 14.000 toneladas y una longitud aproximada de 190 metros, dimensiones que la sitúan entre los buques militares más grandes de su tipo y comparables, en tamaño, con algunos cruceros de la Segunda Guerra Mundial.

El proyecto responde a una decisión estratégica concreta: tras cancelar el sistema terrestre Aegis Ashore, el Ministerio de Defensa japonés optó por trasladar esas capacidades a una plataforma naval móvil. La lógica es directa: un buque puede desplegarse en distintos puntos del océano Pacífico según las necesidades operativas, algo que una instalación fija en tierra no permite.

El eje tecnológico del diseño es el radar SPY-7, considerado uno de los sistemas de vigilancia más avanzados del mundo. A diferencia de los radares convencionales con antenas giratorias, este utiliza paneles electrónicos fijos integrados en la estructura del buque, con miles de módulos capaces de dirigir el haz de radar de manera casi instantánea hacia cualquier punto del horizonte. El radar se instalará en una posición más elevada que en diseños anteriores, con el objetivo de ampliar el alcance de detección y ganar tiempo de reacción frente a misiles que vuelan a baja altitud.

Un documento de 60 páginas publicado por el propio Ministerio de Defensa revela una de las cifras más llamativas del proyecto: el destructor contará con 128 silos de lanzamiento vertical, una cantidad que supera ampliamente la de otros buques de guerra modernos. Esos silos alojarán misiles interceptores destinados a neutralizar amenazas balísticas e hipersónicas, proyectiles que recorren cientos o miles de kilómetros en cuestión de minutos. Gran parte de las capacidades del buque permanece clasificada.

El diseño también contempla espacio suficiente para incorporar tecnologías futuras orientadas específicamente a contrarrestar armas hipersónicas, lo que sugiere que Tokio concibe el buque no como un sistema cerrado sino como una plataforma evolutiva.

El contexto regional explica la urgencia. La proliferación de misiles hipersónicos en el Indo-Pacífico ha alterado los cálculos de defensa de las democracias de la región: el tiempo de respuesta disponible se ha reducido de forma drástica, y la ventaja ya no reside en la potencia de fuego sino en la capacidad de detectar la amenaza con la mayor anticipación posible.

Conviene mirar los incentivos. Japón no está construyendo un instrumento de proyección ofensiva, sino una arquitectura de disuasión orientada a proteger su territorio y sus líneas marítimas. En un Pacífico donde Beijing expande su huella naval y Pyongyang multiplica sus ensayos balísticos, la apuesta japonesa por una plataforma móvil, adaptable y tecnológicamente avanzada representa exactamente el tipo de inversión que las democracias de mercado necesitan sostener: soberanía real, no declaraciones. El dato importa más que el ruido: 128 silos y un radar de nueva generación dicen más sobre la arquitectura de seguridad regional que cualquier comunicado diplomático.

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