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El Kremlin cierra la puerta a un deshielo con Bruselas y acusa a Europa de rearmarse contra Rusia

Peskov afirma que los líderes europeos «movilizan plenamente» su potencial militar contra Moscú, mientras las sanciones acumuladas desde 2014 superan la veintena de paquetes.
Foto: infobae.com
Europasábado 29 de agosto de 2026

El Kremlin descartó este sábado cualquier expectativa de mejora en sus relaciones con la Unión Europea. El portavoz de la Presidencia rusa, Dmitri Peskov, sostuvo que los actuales gobiernos europeos son «beligerantes, no solo de palabra sino también de hecho», en declaraciones a la prensa recogidas por la agencia rusa TASS.

«De momento no veo motivos para esperar una mejora en nuestras relaciones con Europa», afirmó Peskov, según la misma fuente. El vocero fue más allá al describir la conducta de Bruselas: los líderes europeos, dijo, «están movilizando plenamente el potencial militar de Europa y dirigiéndolo contra nuestro país, participando directamente en operaciones militares en nuestra contra».

El portavoz matizó que Moscú no cierra del todo la puerta al diálogo. «Debemos mantenernos abiertos a construir relaciones, y de hecho mantenemos esa apertura, pero debemos comprender perfectamente con quién estamos tratando», señaló, en una frase que combina la retórica de apertura con la advertencia de fondo.

El deterioro no es nuevo. Las relaciones entre Rusia y la Unión Europea vienen en caída desde la anexión de Crimea en 2014 y el conflicto armado en el este de Ucrania. El punto de quiebre definitivo llegó con el inicio de la guerra a gran escala en febrero de 2022, que desencadenó una respuesta occidental sin precedentes: Bruselas ha impuesto desde entonces más de una veintena de paquetes de sanciones contra Moscú.

Esa arquitectura de sanciones —comercial, financiera, energética— es hoy el terreno donde se juega la relación bilateral, más que cualquier canal diplomático formal. Cada paquete adicional ha ido erosionando los vínculos comerciales que durante dos décadas hicieron de Rusia un proveedor energético central para el continente, y ha obligado a las economías europeas a rediseñar sus cadenas de suministro a un costo que finalmente pagan los contribuyentes y consumidores del bloque.

El mensaje de Peskov llega en un momento en que varios gobiernos europeos han incrementado el gasto en defensa y coordinan apoyo militar a Kiev, una tendencia que Moscú interpreta como movilización hostil y que en las capitales europeas se presenta como respuesta defensiva ante la invasión rusa de Ucrania. Ambas lecturas del mismo fenómeno —rearme europeo— conviven sin punto de encuentro visible.

Conviene mirar los incentivos de cada parte. Para el Kremlin, mantener la narrativa de una Europa «beligerante» sirve para justificar internamente el esfuerzo bélico y económico que exige la guerra en Ucrania. Para Bruselas, sostener la presión sancionadora y el gasto militar responde tanto a la amenaza percibida como a la necesidad de cohesionar una alianza atlántica que no siempre habla con una sola voz.

La historia sugiere cautela ante declaraciones que buscan fijar responsabilidades unilaterales en un conflicto de esta escala. Lo verificable es que no hay, por ahora, ningún indicio de negociación diplomática de fondo entre Moscú y Bruselas, y que el ciclo de sanciones y rearme continúa sin freno visible. El dato importa más que el ruido: mientras no cambien los hechos sobre el terreno en Ucrania, ninguna declaración de apertura al diálogo altera el statu quo de confrontación que ambas partes, por razones distintas, parecen dispuestas a sostener.

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