Edición Globalsábado 17 de octubre de 2026 El mundo en breveLa edición semanal
Continente ORDEN Y PERSPECTIVA GLOBAL.
LíderesEstados UnidosLas AméricasEuropaAsia y ChinaOriente Medio y ÁfricaInternacionalNegociosFinanzas y economíaCiencia y tecnologíaCultura
Secciones y más
El mundo
LíderesEstados UnidosLas AméricasEuropaAsia y ChinaOriente Medio y ÁfricaInternacional
Negocios, ciencia y cultura
NegociosFinanzas y economíaCiencia y tecnologíaCultura
El medio
El mundo en breveLa edición semanal BoletinesAcerca
Negocios

El conglomerado colombiano que apuesta por España mientras navega la tormenta doméstica

Grupo Trinity, con 15 empresas y 14.500 empleados, planea llevar a Clarel de 360 a 500 millones de euros en ventas para 2030, mientras sus negocios de acero y carbón en Colombia recuperan terreno pese al entorno adverso.
Imagen ilustrativa
Negociossábado 18 de julio de 2026

Con casi 30 años de historia y 15 compañías en sectores que van del acero a la hospitalidad, el Grupo Trinity se ha convertido, según su propio presidente Iván Trujillo, en el mayor inversionista privado colombiano en España. Sus ingresos consolidados el año pasado alcanzaron 4,1 billones de pesos y el grupo reúne cerca de 14.500 colaboradores.

El portafolio doméstico es heterogéneo: incluye Acerías Paz del Río —presente en obras como el metro de Bogotá—, la carbonera exportadora Coquecol, centros de convenciones en Cartagena, Cali y Costa Rica, y el grupo de restaurantes Smile, con marcas como Ideal, La Pinta, Verano y Tercer Piso.

Los dos últimos años fueron, en palabras de Trujillo, «muy retadores y complejos» para el acero y el carbón, no solo en Colombia sino en buena parte de Latinoamérica. La construcción acumuló contracciones cercanas al 6 por ciento en el primer trimestre. Sin embargo, en los primeros cinco meses del año ambos negocios muestran «crecimientos por encima del presupuesto, de doble dígito, no solo en ventas, sino de ebitda y utilidad neta», según el ejecutivo.

Acerías Paz del Río proyecta vender unas 435.000 toneladas de acero este año, con ingresos alrededor de 1,6 billones de pesos, y consolida una participación de mercado del 26 por ciento. Coquecol, exportadora con operaciones en más de 20 países, apunta a cerrar el año con cerca de un millón de toneladas, aunque enfrenta la volatilidad del precio del carbón metalúrgico —que ha oscilado entre 400 y 160 dólares por tonelada y hoy ronda los 230— y presiones logísticas por bloqueos e incremento de fletes.

El tipo de cambio añade otra variable incómoda: un dólar débil abarata las importaciones de acero y presiona los precios locales, mientras que perjudica los ingresos en pesos de Coquecol, cuya facturación es en divisas. «Esas son las coyunturas con las cuales tenemos que navegar los empresarios», admite Trujillo.

El eje de crecimiento más ambicioso está en España. La cadena Clarel —cerca de 1.000 tiendas de belleza, cuidado personal y hogar— factura hoy 360 millones de euros; el plan de negocios apunta a 500 millones en 2030 y a multiplicar el ebitda por casi siete veces. La estrategia combina la remodelación del parque de tiendas con una apuesta de omnicanalidad y transformación tecnológica. «Esta es la puerta de entrada al mercado europeo: 600 millones de consumidores», subraya Trujillo.

En paralelo, el grupo lidera la expansión de Juan Valdez en España —11 tiendas al cierre del año pasado, 22 previstas para este— con presencia ya en el aeropuerto de Palma de Mallorca y negociaciones en curso en Málaga. La cadena Home Burger suma cuatro locales abiertos en ese país.

Trujillo describe el «ADN» del grupo como orientado a adquirir y desarrollar, no a desinvertir, aunque reconoce que las oportunidades de salida están «siempre sobre la mesa» dada la diversidad del portafolio.

Conviene mirar los incentivos. La historia de Grupo Trinity ilustra algo que el debate político colombiano suele ignorar: la libre empresa no espera permiso para buscar mercados donde las reglas del juego sean predecibles. Que el mayor vector de crecimiento del conglomerado esté hoy en España —y no en Colombia— no es un capricho estratégico; es la respuesta racional a años de inseguridad jurídica, presión regulatoria y contracción del mercado doméstico. Trujillo enumera los desafíos que, a su juicio, enfrenta la administración entrante de De La Espriella: reconstruir la confianza, recuperar la seguridad física y jurídica, reordenar las finanzas públicas y un plan de choque para reactivar la economía. El orden de esa lista no parece casual. Cuando un conglomerado con raíces colombianas encuentra más certidumbre en Europa que en casa, el diagnóstico está implícito en cada tienda de Clarel.

Más sobre Negocios

La edición semanal

El temario completo de la semana

Leer la edición →