El Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico actualiza a diario el precio de la gasolina y el gasóleo en Madrid, Barcelona y el resto de ciudades españolas. La cifra cambia constantemente, y ese vaivén escapa al control de cualquier conductor individual. Lo que sí está en sus manos, recuerda la Dirección General de Tráfico (DGT), es cómo administra ese gasto desde el asiento del conductor.
Según la DGT, entre el 30% y el 50% del consumo de combustible depende directamente de la forma de conducir. No es un margen menor: aplicado a lo largo de un año, el organismo estima que las buenas prácticas al volante permiten ahorrar hasta 500 euros, además de reducir emisiones y alargar la vida útil del vehículo.
El primer consejo es circular en marchas largas siempre que sea posible, dentro de los límites de velocidad. Los motores actuales, señala la DGT, responden bien a bajas revoluciones y consumen menos cuando el motor va «desahogado». La recomendación práctica es engranar la cuarta o quinta marcha antes de alcanzar los 50 km/h.
Mantener una velocidad moderada y constante, sin acelerones ni frenazos, y respetar la distancia de seguridad evita el uso innecesario del freno y del acelerador. Acelerar de forma progresiva en la salida de los semáforos, en lugar de buscar ganar unos segundos, también reduce el gasto: llegar antes al siguiente semáforo puede significar consumir hasta tres veces más.
La anticipación es otro factor clave. Levantar el pie del acelerador al detectar a lo lejos un vehículo más lento permite llegar hasta él por inercia, sin gasto adicional de combustible ni desgaste de las pastillas de freno.
El uso del aire acondicionado y del maletero también incide en el consumo. Circular con el aire acondicionado encendido sin necesidad incrementa el gasto entre un 10% y un 20%. Cualquier elemento que altere la aerodinámica del vehículo —ventanillas abiertas, exceso de carga en el maletero— eleva el consumo de forma directa. La DGT advierte que muchos conductores españoles utilizan el maletero como un trastero, cargando peso innecesario que se traduce en mayor gasto energético.
Los neumáticos ofrecen otro margen de ahorro. Circular con una presión 0,5 bares por debajo de la recomendada por el fabricante puede aumentar el consumo entre un 2% en ciudad y un 4% en carretera, además de acelerar el desgaste de la goma. Existen neumáticos de baja resistencia a la rodadura, disponibles en casi todas las marcas a precios similares a los convencionales, capaces de reducir el consumo hasta un 3%.
El dato importa más que el ruido de los titulares diarios sobre el precio del litro. Los combustibles seguirán moviéndose al ritmo de mercados internacionales, refinerías y decisiones fiscales que ningún conductor individual controla. Frente a esa variable externa, el margen real de maniobra del ciudadano español está en su propia conducta al volante: mantenimiento del vehículo, presión de neumáticos, hábitos de aceleración.
Conviene mirar los incentivos. En un contexto donde el gasto en combustible pesa cada vez más sobre el presupuesto familiar, la eficiencia individual deja de ser un gesto ambiental y se convierte en una herramienta de gestión del bolsillo privado. La libertad de elección del consumidor —qué neumáticos comprar, cómo conducir, cuánto cargar el maletero— sigue siendo, en última instancia, la palanca más directa disponible para mitigar un costo que las políticas energéticas y los mercados globales seguirán determinando desde arriba.



