Un equipo de la cadena estadounidense NBC News y una mujer palestina que estaba siendo entrevistada por ellos fueron apaleados este sábado por un grupo de colonos israelíes enmascarados en Cisjordania, según relató la propia cadena.
El incidente ocurrió mientras cuatro miembros del equipo entrevistaban a Aida Ahmed Abdullah y a su familia en la localidad de Jalud, cerca de Nablus, una zona donde se han multiplicado en las últimas semanas los ataques y campañas de acoso de colonos judíos contra residentes palestinos. Abdullah había denunciado previamente ante la cadena que los colonos la expulsaron a ella y a su familia de su vivienda.
Las imágenes grabadas por los propios camarógrafos, difundidas por NBC News, muestran cómo un vehículo gris con matrícula israelí se aproxima de forma agresiva al grupo. Un hombre con un chándal azul se asoma por la ventanilla trasera con un palo. Cuando el coche se detiene, descienden cuatro hombres con el rostro cubierto que golpean con palos a la mujer y a los reporteros, y dañan el parabrisas del vehículo de la cadena. Según los propios afectados, los agresores también lanzaron piedras antes de huir en el automóvil.
Tres de los periodistas debieron ser atendidos por la Media Luna Roja, mientras que Abdullah fue hospitalizada; según la información disponible, se encuentra fuera de peligro.
El episodio se produjo en un sábado marcado por otros incidentes violentos en la región: decenas de colonos israelíes enmascarados rociaron con gas pimienta a trabajadores palestinos y arrojaron piedras contra un edificio en la vecina Qusra, localidad que según la cadena ha estado sitiada por colonos durante semanas.
El gobierno del primer ministro Benjamin Netanyahu emitió un comunicado en el que condenó los «actos criminales de violencia cometidos en las aldeas de Qusra y Jalud», atribuidos a «un puñado de alborotadores que violan la ley». El Ejército israelí, según reportes recogidos por la cadena, ha sido señalado por su pasividad frente a este tipo de ataques de colonos contra palestinos y extranjeros en Cisjordania.
El dato importa más que el ruido: aquí no hay ambigüedad sobre los hechos verificables. Un equipo de prensa extranjero y una civil fueron agredidos con palos y piedras por un grupo armado que actuó con el rostro cubierto y huyó sin ser detenido en el momento. Eso es, en cualquier ordenamiento jurídico serio, un asunto de aplicación de la ley, no de política exterior.
La condena verbal de Netanyahu es un dato relevante, pero no sustituye al indicador que de verdad mide el estado de derecho en un territorio: cuántos de estos episodios terminan en detención, juicio y condena. Cuando la violencia se vuelve recurrente y los responsables actúan con impunidad reiterada, la pregunta que debería ocupar a cualquier gobierno no es retórica, sino operativa: quién controla efectivamente el uso de la fuerza en Cisjordania.
Conviene mirar los incentivos. Si los costos de agredir a periodistas y a civiles palestinos siguen siendo bajos, la escalada continuará, con o sin comunicados. La propiedad, la seguridad física y la libertad de prensa son, precisamente, los pilares que un Estado debe garantizar antes de reclamar legitimidad sobre el territorio que administra. La historia sugiere cautela ante gobiernos que condenan en público lo que no logran contener en la práctica.



