Wang Yi afirmó en Pekín que China y Brasil deben «reforzar la comunicación estratégica» y «profundizar la cooperación» en un momento de estrecha coordinación entre ambos países.
El canciller chino trasladó a Celso Amorim el saludo de Xi Jinping a Lula y aseguró, según un comunicado de la Cancillería china, que las relaciones entre China y Brasil han avanzado en los últimos años. También dijo que Pekín está dispuesto a «consolidar la confianza mutua estratégica» y a «promover la cooperación en distintos ámbitos».
Wang señaló además que ambos países deben mantener la coordinación en asuntos internacionales y cooperar para «mejorar el sistema de gobernanza global» y aportar estabilidad a un escenario internacional marcado por cambios y desafíos, según la nota oficial. Añadió que China y Brasil han de «liderar al 'sur global' hacia la unidad y la autosuficiencia».
Amorim, por su parte, afirmó que Brasil concede «gran importancia» a la relación con China. El asesor presidencial brasileño indicó que Brasil está dispuesto a «profundizar la cooperación en diversos ámbitos» con el gigante asiático y sostuvo que, en la actual situación internacional compleja y volátil, las relaciones entre ambos países trascienden el ámbito bilateral y adquieren una importancia cada vez mayor.
China y Brasil han intensificado sus contactos diplomáticos y económicos en los últimos meses, en un contexto marcado por las tensiones comerciales entre Brasilia y Washington.
Los datos comerciales subrayan la magnitud del vínculo. China es el mayor socio comercial de Brasil desde 2009 y el intercambio bilateral alcanzó en 2025 un récord de 171.000 millones de dólares. Brasil fue además el principal destino de inversiones chinas en 2025, con 6.100 millones de dólares.
La relación importa porque muestra cómo dos grandes economías pueden ordenar sus incentivos alrededor del comercio, la inversión y la coordinación diplomática. Para Brasil, el vínculo con Pekín ofrece capital y mercado; para China, acceso a una de las principales economías de América Latina y una voz útil en el 'sur global'.
La historia sugiere cautela. Cuando el aparato estatal y la diplomacia avanzan a la vez, el resultado suele medirse menos por los comunicados que por la capacidad de convertir promesas en inversión productiva y estabilidad duradera. Conviene mirar los incentivos: si la cooperación se traduce en más comercio y mayor certidumbre, ganan las empresas y los contribuyentes; si se queda en retórica sobre gobernanza global, el beneficio será mucho más difuso.


