El gobierno chino anunció un plan de aplicación hasta 2030 para reforzar la prevención de desastres geológicos, en un verano marcado por riadas, tifones y deslizamientos que han dejado decenas de muertos en varias provincias.
El Ministerio de Recursos Naturales publicó el documento, recogido por la agencia China News Service, que identifica los desastres geológicos como fenómenos de «elevada complejidad y brusquedad» difíciles de predecir. El texto afirma que China es «uno de los países más afectados del mundo» por este tipo de eventos.
Entre los episodios más graves del verano figuran las lluvias asociadas a la tormenta Maysak, que dejaron al menos 39 muertos en la región de Guangxi en julio, y un deslizamiento de tierra ocurrido el 17 de julio en el municipio de Chongqing que sepultó más de diez edificios y causó al menos 51 fallecidos. El tifón Noul, por su parte, obligó a evacuar preventivamente a más de 750.000 personas en el sureste del país la semana pasada.
El plan contempla dos actualizaciones anuales de la identificación de zonas con propensión alta o media a desastres mediante teledetección, investigaciones detalladas en localidades de alto riesgo y una mejora de la red de vigilancia y alerta temprana. También prevé un sistema de doble control sobre «puntos de desastre» y «zonas de riesgo» en 1.206 condados de 17 provincias consideradas prioritarias, además del refuerzo de la formación, los simulacros y el apoyo técnico a nivel local.
El documento advierte que, bajo el impacto del cambio climático, las lluvias extremas pueden «desencadenar desastres repentinos, múltiples y encadenados» fuera de las zonas tradicionalmente consideradas de mayor riesgo, lo que amplía la geografía de la vulnerabilidad y complica la planificación preventiva.
El Ministerio reconoce que el país afronta una gran acumulación de riesgos derivados de episodios meteorológicos extremos, terremotos y actividades humanas.
Conviene mirar los incentivos. La publicación de este plan en plena temporada de desastres responde a una presión política interna evidente: cada deslizamiento o inundación con víctimas fatales pone a prueba la legitimidad del aparato estatal ante una población que exige respuestas concretas. El dato importa más que el ruido: no es la primera vez que Pekín anuncia programas ambiciosos de gestión de riesgos, y la historia sugiere cautela respecto a su ejecución real, en particular en los niveles locales donde la capacidad técnica y los recursos suelen ser más limitados. El verdadero indicador no será el plan publicado, sino la velocidad con que los 1.206 condados designados incorporen los sistemas de alerta y la calidad de la formación que reciban sus autoridades antes de que llegue el próximo verano.



