Chevron planea firmar acuerdos preliminares para invertir en campos petroleros iraquíes y estudia la construcción de un oleoducto que conecte los yacimientos de Iraq con la costa siria, según informó el Wall Street Journal. La iniciativa responde a la búsqueda de alternativas al Estrecho de Ormuz, ruta marítima por la que transita el 20% del suministro mundial de petróleo y que ha quedado efectivamente bloqueada durante el conflicto entre Estados Unidos e Irán.
El oleoducto en cuestión seguiría la ruta de Kirkuk, en Iraq, hasta el puerto sirio de Baniyas en el Mediterráneo. Esa infraestructura estuvo fuera de servicio por más de dos décadas tras sufrir graves daños durante la invasión estadounidense de Iraq en 2003. Según un alto ejecutivo de Chevron citado por el Journal, la compañía se uniría a un consorcio de inversores que realizará estudios para determinar si conviene construir un nuevo oleoducto o modernizar la infraestructura existente.
El primer ministro iraquí Ali Al Zaidi visitó el jueves la sede de Chevron en Houston, donde se reunió con un grupo encabezado por Mark Nelson, de Chevron. Días antes, el martes, el primer ministro se había reunido con el presidente Trump en el Despacho Oval. Chevron confirmó que mantiene conversaciones sobre posibles inversiones en dos campos iraquíos: Nasiriyah y West-Qurna-2. «Chevron espera compartir su experiencia en el desarrollo exitoso de proyectos de petróleo y gas para apoyar a Iraq en el desarrollo de sus recursos energéticos», señaló un portavoz de la compañía. Respecto al oleoducto, la empresa indicó que no comenta sobre declaraciones de terceros ni sobre asuntos comerciales.
Un alto funcionario de la administración Trump declaró que «Estados Unidos está facilitando conversaciones entre Iraq y Siria sobre proyectos de desarrollo energético futuro y apoya la creciente relación diplomática entre los dos países». Las negociaciones entre Chevron y el gobierno iraquí llevan entre 12 y 18 meses, y el ejecutivo de la compañía precisó que los acuerdos preliminares están «muy lejos de la línea de llegada».
El contexto energético presiona. Trump dijo esta semana que el estrecho está reabierto para todas las naciones excepto Irán, pero persisten los riesgos para la navegación comercial dado que Teherán conserva capacidad de ataque. El precio promedio del diésel en Estados Unidos volvió a superar los cinco dólares el galón el jueves, situándose en 5,01 dólares según la AAA. La gasolina regular alcanzó 3,94 dólares, unos diez centavos más que la semana anterior, aunque por debajo del pico de 4,56 dólares registrado en primavera. Expertos advirtieron que los precios podrían tardar muchos meses en caer por debajo de los tres dólares, y solo si se alcanza un acuerdo de paz permanente que mantenga el estrecho abierto. Los datos económicos publicados esta semana indicaron que los precios más altos de la energía aún no se han trasladado completamente a los bienes de consumo, aunque funcionarios de la Reserva Federal advirtieron que un buen informe de inflación no es suficiente para disipar las preocupaciones.
Conviene mirar los incentivos. La apuesta de Chevron ilustra cómo la disrupción geopolítica reordena la geografía energética global: cuando los Estados fallan en garantizar rutas seguras, el capital privado construye las suyas. El oleoducto Kirkuk-Baniyas, si prospera, no solo diversificaría el acceso al mercado para Iraq, sino que anclaría a Siria en una red de intereses económicos occidentales con potencial estabilizador. El dato importa más que el ruido: mientras los gobiernos negocian ceses al fuego frágiles, la libre empresa ya está trazando el mapa de la próxima década energética.



